Diseñando el Desastres

El Interrogatorio del Pequeño Arquitecto

Julián se soltó de Bianca con un gesto de asco en cuanto las chicas desaparecieron por el pasillo.

—¿Por qué dijiste eso? —rugió Julián—. ¡Yo nunca te dije que la usé!

—Ay, Julián, no seas ingenuo —respondió Bianca, retocándose el labial—. Te hice un favor. Si ella cree que fue un sentimiento real, empezará a perseguirte y arruinará nuestra imagen de "pareja perfecta". Recuerda el contrato: tú me pagas para ser tu novia, y parte de mi trabajo es mantener a las distracciones lejos.

Julián golpeó la pared con el puño y se fue a su estudio, solo para encontrarse con Luka, que estaba sentado en su escritorio revisando unas facturas.

—Tío Julián —dijo el niño de siete años sin levantar la vista de los papeles—. He analizado la trayectoria de tu respiración y el tono de voz de Bianca.

—No estoy de humor para análisis, Luka —gruñó Julián.

—Mi análisis indica que Bianca está operando bajo una estrategia de "Tierra Quemada" —continuó Luka, ajustándose las gafas—. Y tú estás operando bajo una estrategia de "Cobardía Estructural". Matemáticamente, si no le dices la verdad a tía Mía en las próximas 48 horas, la probabilidad de que ella acepte una segunda cita con el sujeto Sebastian Vance sube a un 98,4%.

Julián se hundió en su silla, escondiendo la cara entre las manos. —Ella no me va a creer, Luka. Bianca hizo que pareciera que yo la usé.

—Entonces no uses palabras —dijo Luka, cerrando su laptop—. Las palabras son variables inestables. Usa una acción que Bianca no pueda fingir. Y por cierto, Missiu Leguau acaba de orinar en los zapatos nuevos de Bianca. De nada.




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