Diseñando el Desastres

La Salida Triunfal y el Flash de Bianca

El ascensor dio un último sacudón y las puertas se deslizaron con un chirrido metálico. Mía y Julián estaban a centímetros de distancia, con la respiración entrecortada y la luz roja todavía bañándolos.

En cuanto la luz blanca del pasillo los cegó, Mía vio la silueta de Bianca al fondo, con los brazos cruzados y un fotógrafo de dudosa procedencia a su lado, listo para capturar cualquier signo de "desastre".

—¡Oh, por fin aparecen! —exclamó Bianca con una voz que pretendía ser de preocupación pero destilaba veneno—. Julián, querido, estaba tan asustada... pensé que estar encerrado con la "asistente de arte" te habría resultado... claustrofóbico.

Mía, que en ese momento sentía una mezcla de triunfo y ganas de seguirle el juego al destino, tomó a Julián del brazo con una confianza que ni ella misma sabía que tenía. Se pegó a su costado y le dedicó a Bianca una sonrisa de absoluta superioridad.

—Al contrario, Bianca —dijo Mía, su sarcasmo brillando más que los flashes—. Estar encerrada con Julián ha sido muy... esclarecedor. Hemos estado repasando algunos "conceptos básicos" que no aparecen en tus contratos.

Julián, captando la indirecta y disfrutando el contacto, pasó su brazo por la cintura de Mía, ignorando por completo la cara de furia del fotógrafo.

—Vámonos, Mía —dijo Julián, mirando a Bianca como si fuera un mueble mal colocado—. Tenemos una reunión familiar más importante que esta... sesión de fotos improvisada.

Salieron del edificio en construcción dejando a Bianca gritándole al fotógrafo que borrara las fotos de ellos viéndose tan bien juntos.

Al llegar a la mansión principal, se encontraron con Leo y Valeria en la entrada. Leo tenía una expresión que oscilaba entre la satisfacción de haberlos "atrapado" en el ascensor y el agotamiento extremo.

—¡Vaya, los supervivientes! —exclamó Leo—. Ya que tienen tanta energía para quedarse atrapados en ascensores y "comunicarse", Valeria y yo hemos decidido algo.

—Necesitamos un descanso —sentenció Valeria, entregándole a Mateo a Julián y a Sofía a Mía—. Y como Julliette salió con Paz a una subasta, ustedes son los únicos adultos disponibles.

—¡Esperen! —protestó Julián, sosteniendo al bebé como si fuera una bomba de relojería—. Yo tengo que revisar los cálculos estructurales...

—Luka ya los revisó por ti, Julián —dijo Leo, dándose la vuelta con una sonrisa malvada—. Tienen cuatro horas. Alessandro está en el cochecito, tiene hambre cada veinte minutos. ¡Suerte!




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