Mientras Julián y Mía lidiaban con la paternidad improvisada, Luka estaba en el rincón del estudio con su laptop, observando la escena con una ceja levantada.
—La eficiencia de su cuidado infantil es de un 42% —comentó el niño—. Sin embargo, el índice de vinculación afectiva ha subido drásticamente. Julián, deberías saber que Bianca acaba de entrar en la propiedad. Viene con una actitud de "demanda por incumplimiento de contrato".
Julián suspiró, entregándole el bebé a Mía. —Quédate aquí. Voy a terminar con esto de una vez.
—No —dijo Mía, levantándose con Sofía en brazos—. Vamos juntos. Si ella quiere un show, le daremos uno de familia numerosa.
Salieron al salón justo cuando Bianca irrumpía como un huracán de seda y perfume. Al ver a Julián cubierto de leche y a Mía cargando a un bebé, Bianca se detuvo en seco.
—¿Qué... qué es esta ordinariez? —chilló Bianca—. ¡Julián, tenemos una cena con el embajador! ¡Mírate, pareces un niñero de clase baja!
—Se llama ser parte de una familia, Bianca —dijo Julián, poniéndose al lado de Mía—. Y dado que no estás en los planos de mi futuro, creo que puedes llevarte al embajador a cenar sola. El contrato queda anulado por falta de... "compatibilidad humana".
—¡No puedes anularlo! —gritó ella—. ¡Te costará una fortuna!
—Tengo un buen abogado —dijo Leo, apareciendo por la puerta trasera con una bolsa de pañales—. Y una hija de cinco años que tiene más dignidad que tú. Bianca, la salida está por allá. Y cuidado con Missiu, hoy no ha almorzado.
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Editado: 12.03.2026