Diseñando el Desastres

Alianzas Peligrosas y la Gala de la Traición

Mientras tanto, en un café oscuro cerca del centro de Ginebra, Bianca se reunía con Marcus Muller. Marcus era todo lo que Julián no era: rígido, sin sentido del humor y obsesionado con destruir la reputación de los Sterling-Ferrer.

—Julián me humilló frente a toda la prensa por culpa de esa pintora —dijo Bianca, apretando su taza de café—. Quiero que pierda el proyecto de la expansión. Tengo acceso a sus archivos de seguridad.

—Si me consigues los planos estructurales antes de la gala benéfica de mañana, puedo presentar una propuesta idéntica pero a mitad de precio —dijo Marcus con una sonrisa gélida—. Julián quedará como un plagiador y tú serás mi invitada de honor en el nuevo proyecto.

—Hecho —respondió Bianca—. Pero quiero que el nombre de Mía Ferrer quede arrastrado por el fango.

Lo que ni Bianca ni Marcus sabían es que Luka había instalado un micrófono ambiental en el collar de Missiu Leguau. La gata, que casualmente estaba paseando por la zona (transportada por Paz en su bolso), grabó toda la conversación.

Luka estaba en el salón de la mansión, escuchando el audio a través de sus auriculares de alta tecnología.

—Variable "Venganza" detectada —susurró Luka—. Papá, tenemos un problema de espionaje industrial. Y Bianca es el caballo de Troya.

Leo, que estaba intentando que uno de los trillizos no se comiera el control remoto, suspiró. —Luka, no me digas que Bianca va a intentar robar los planos otra vez.

—Afirmativo. Pero tengo un plan. Necesitaremos el cuadro "especial" que tía Mía está pintando y la colaboración de Missiu.

La gala benéfica de Selene Global era el evento del año. El salón estaba lleno de lo más selecto de Ginebra, pero la verdadera acción estaba en la barra de cócteles.

Paz estaba allí, luciendo un vestido rojo que podría causar accidentes de tráfico, cuando un hombre con un traje a medida de tres piezas y una sonrisa de superioridad se detuvo a su lado.

—Vaya, la mansión sigue en pie. Supuse que después de diez minutos contigo, los cimientos habrían pedido la jubilación por estrés —dijo el hombre, sin siquiera mirarla mientras pedía un Martini seco.

Paz se giró lentamente, arqueando una ceja con una precisión quirúrgica. —Vaya, pero sí es Oliver Thorne. El abogado que defiende a corporaciones sin alma porque su propia alma se quedó atrapada en un contrato de alquiler. ¿Sigues usando esa colonia que huele a "intento desesperado por ser importante"?

—Y tú sigues usando ese sarcasmo que huele a "nadie me ha invitado a salir en tres meses porque me tienen miedo" —respondió Oliver, girándose para verla—. Julián me dijo que estabas aquí. Me pidió que vigilara que no le prendieras fuego al buffet.

—Dile a tu amigo que se preocupe por su "novia de alquiler" y que te compre un sentido del humor nuevo, Ollie. El tuyo está pasado de moda, como tus corbatas.




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