Diseñando el Desastres

Vapor, Sarcasmo y Termas Naturales

Mientras Bianca aprendía por las malas que tres bebés son más peligrosos que una pasarela con aceite, Mía y Julián llegaron a las termas naturales ocultas entre los pinos. El vapor subía en columnas blancas, creando una atmósfera de privacidad que no habían tenido en días.

Se sumergieron en el agua caliente. Mía mantenía una distancia prudente, pero el vapor hacía que su piel brillara y Julián no podía dejar de mirarla.

—¿Sabes? —dijo Julián, rompiendo el silencio—. Ver a Bianca con esos guantes amarillos ha sido el mejor diseño de interiores que he visto en mi vida.

Mía soltó una carcajada. —Luka es un genio del mal. Pero no te desvíes, Sterling. Todavía estamos en "tregua técnica". Que estemos en un jacuzzi natural no significa que haya olvidado el beso del ascensor.

—¿Y el de la fuente? —preguntó él, acercándose un poco más a través del agua—. Porque ese fue real, Mía. No hubo contratos, ni Bianca, ni público. Solo tú y yo arruinando mis estadísticas de control emocional.

Mía sintió que el calor del agua no tenía nada que ver con lo que sentía en ese momento. —Eres insoportable, Sterling. Incluso cuando intentas ser sincero, suenas como un manual de arquitectura.

—Entonces deja de escuchar las palabras —susurró él, acortando la distancia hasta que sus rodillas se rozaron bajo el agua—. Mira la estructura.

A unos metros de ellos, separados por una pared de roca, Paz y Oliver habían sido forzados a compartir un jacuzzi más pequeño porque el resto de la instalación estaba en mantenimiento.

—Si estiras tus piernas de abogado una vez más y tocas mi pie, Thorne, te juro que te ahogo —advirtió Paz, intentando relajarse con una máscara de pepinos en los ojos.

—Es un espacio confinado, Valente. La física dicta que nuestras extremidades deben coexistir —respondió Oliver, recostado con los ojos cerrados—. Además, deberías agradecerme. Mi presencia eleva el estatus de este charco de agua caliente.

—Tu presencia eleva mi presión arterial —replicó ella, quitándose un pepino para mirarlo—. ¿Por qué eres tan... tú? Siempre tan perfecto, tan peinado, tan... aburrido.

Oliver abrió un ojo y la miró con una intensidad que hizo que Paz olvidara su siguiente insulto. —No soy aburrido, Paz. Simplemente soy selectivo con quién pierdo el control. Y tú eres la persona que más me tienta a perderlo en toda Europa.

Paz se quedó muda por primera vez en su vida. —Bueno... —tartamudeó—. Al menos admites que soy una tentación. Eso es un avance para un robot como tú.




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