Diseñando el Desastres

El Velo del Vapor y el Error Legal

En el jacuzzi pequeño, el aire estaba tan cargado de tensión que se podría haber cortado con un mazo de juez. Paz, sin su máscara de pepinos y con el cabello húmedo, miraba a Oliver con una mezcla de desafío y algo que se parecía mucho a la curiosidad.

—¿Así que soy una tentación, Thorne? —susurró Paz, acortando la distancia hasta que el agua ondulaba entre sus pechos y el torso firme de Oliver—. Pensé que para ti yo era solo un "error en el sistema".

Oliver no retrocedió. De hecho, dejó caer la cabeza hacia atrás en el borde del jacuzzi y la miró con una intensidad que hizo que el sarcasmo de Paz se evaporara.

—Eres el error más caótico, ruidoso y fascinante que he tenido el placer de intentar archivar —respondió él, su voz volviéndose peligrosamente ronca—. Y ahora mismo, mi lógica me dice que debería salir de aquí... pero mi instinto me está gritando que haga algo totalmente ilegal.

Oliver se inclinó. Paz cerró los ojos, sus labios a milímetros de los de él. Estaban a punto de cruzar la línea que cambiaría sus peleas para siempre cuando...

¡MIAAAAAAAU!

Un grito agudo y autoritario rompió el silencio. Los dos se separaron de un salto, salpicando agua por todas partes. Flotando en una pequeña balsa inflable de patito (propiedad de Mateo) en donde la había subido Jazmín para que navegue en el jacuzzi, Missiu Leguau apareció entre la bruma del vapor. La gata lucía un collar de perlas y una mirada de desprecio absoluto mientras navegaba por la superficie del jacuzzi.

—¡Por los planos de mi hermano! —gritó Paz, cubriéndose con los brazos—. ¡Esa gata es un espía de Juliette!

Oliver se pasó una mano por el rostro, horrorizado por lo que estuvo a punto de ocurrir. —Esto es inaceptable. Casi beso a una mujer que usa rodillos de pelo como armas. Mi carrera está acabada.

—¡Y yo casi beso a un robot con traje! —replicó Paz, saliendo del agua a toda velocidad—. ¡Olvida esto, Thorne! ¡Si se lo dices a alguien, te demando por acoso psicológico!

Se retiraron en direcciones opuestas, ambos rojos de vergüenza y evitando mirarse a los ojos, mientras Missiu seguía navegando tranquilamente en su patito de goma.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.