Diseñando el Desastres

La Estrategia del Contraataque

Mía estaba en el estudio, destrozando un lienzo con pinceladas violentas de color rojo sangre. Paz estaba a su lado, intentando no pensar en Oliver mientras destrozaba una caja de bombones.

—Son unos perros, Mía —dijo Paz—. Los dos. Peleándose por Bianca en medio de la nieve. ¡Y yo que casi...! —Se calló de golpe, poniéndose roja.

—¿Casi qué, Paz? —preguntó Mía, soltando el pincel—. ¿Tú también caíste en el "encanto Sterling Thorne"?

—¡No! Yo... casi ahogo a Oliver en el jacuzzi, eso es todo. Pero mira esto, Mía. Bianca quiere guerra mediática. Y nosotros tenemos algo mejor que fotos editadas.

En ese momento, Luka entró con su laptop. —Tía Mía, tía Paz. He analizado la metadata de la foto filtrada. Fue enviada desde el teléfono de Bianca a las 8:02 AM. Pero tengo algo mejor. ¿Recuerdan que puse un micrófono en el collar de Missiu?

Luka presionó "play". Se escuchaba la voz de Bianca hablando sola en el salón del chalet: "Solo necesito esta foto para que Julián parezca un mujeriego inestable y Mía se largue de su vida. Me quedaré con la indemnización y con el nombre de los Ferrer por los suelos".

Mía sonrió con una frialdad que asustaría a un tiburón. —Luka, eres mi sobrino favorito. Paz, llama a Oliver. Dile que, si quiere salvar su reputación de abogado "perfecto", tiene diez minutos para presentarse aquí con un contrato de difamación.

El despacho de Oliver en Selene Global era un templo al orden: minimalista, frío y con un aire acondicionado que soplaba a temperatura de morgue. Paz entró sin llamar, pateando la puerta con sus tacones de aguja y lanzando un expediente sobre la mesa de cristal.

—Thorne. Deja de admirar tu reflejo en la pantalla y firma esto —espetó Paz, cruzándose de brazos—. Es la declaración jurada de que la foto es un montaje. Luka ya hizo el peritaje técnico, así que ahórrate tus "peros" legales.

Oliver ni siquiera levantó la vista de sus papeles. Se ajustó los gemelos de plata con una parsimonia irritante.

—Vaya, Valente. Entras en mi oficina con la sutileza de un rinoceronte en una cristalería. Buenos días para ti también —dijo Oliver con su voz más monótona—. Por cierto, la próxima vez que quieras darme órdenes, intenta que el documento no tenga manchas de café... o de lo que sea que desayunes para mantener ese nivel de histeria.

—¡Es té de hibisco para los nervios, idiota! Nervios causados por tener que limpiar tu reputación de "macho alfa" peleando por una modelo de tercera —replicó Paz, inclinándose sobre el escritorio—. ¿O es que te da miedo admitir que Bianca te engañó como a un principiante?

Oliver se reclinó en su silla de cuero y la miró fijamente. —Lo que me da miedo es que tu capacidad de razonamiento sea tan limitada como tu vocabulario. No me peleaba por Bianca. Estaba intentando que el contrato de rescisión no nos costara el presupuesto de tres rascacielos. Pero claro, para alguien que vive entre paletas de colores y purpurina, el concepto de "estrategia legal" es demasiado complejo.




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