Diseñando el Desastres

La Cena del Sabotaje

Esa noche, Juliette organizó una cena familiar. Julián y Mía intentaban actuar con normalidad.

—Mía, ¿podrías pasarme la sal? —pidió Julián, rozando sus dedos con los de ella bajo la mesa.

Mía le dedicó una mirada gélida. —Claro, Sterling. Intenta no derramarla, no querría que tu mala suerte afectara mis diseños.

Leo y Valeria sonrieron, convencidos de que seguían odiándose. Pero Paz y Oliver intercambiaron una mirada de "sabemos lo que están haciendo".

—¿Saben qué sería una excelente idea? —intervino Paz con una sonrisa maliciosa—. Mañana Julián debería acompañar a la tía Agatha al mercado de antigüedades. Ella necesita a alguien fuerte para cargar sus bustos de mármol de 50 kilos.

—¡Excelente sugerencia, Paz! —añadió Oliver rápidamente—. Y Mía, yo necesito que revises unos contratos de propiedad intelectual conmigo en mi despacho... que está en el otro extremo de la ciudad. Estaremos encerrados unas ocho horas.

Julián y Mía se tensaron. Sus planes de verse a solas en el estudio de arte se estaban evaporando.

—Oh, lo siento, Oliver —dijo Mía rápidamente—, pero mañana tengo que... ayudar a Jazmín con un mural.

—No te preocupes, tía Mía —intervino Luka, mirando su tablet—. Ya terminé el mural de Jazmín usando un proyector láser. Estás libre. De hecho, según tu calendario, mañana es el día más productivo para revisar contratos con el sujeto Oliver.

Julián miró a Oliver con ganas de asesinarlo. Oliver le devolvió una mirada de "es por tu bien, amigo".

A medianoche, Julián intentó escabullirse a la habitación de Mía. Caminaba descalzo por el pasillo de madera, evitando las tablas que crujían, cuando de repente una luz cegadora lo iluminó.

Era Oliver, sentado en un sillón en medio del pasillo, leyendo un libro sobre leyes fiscales y sosteniendo una linterna.

—¿Problemas de insomnio, Julián? —preguntó Oliver sin levantar la vista del libro.

—Iba a la cocina... por un vaso de agua —mintió Julián, petrificado.

—Qué coincidencia. Paz está en la cocina haciendo una "limpieza profunda" de las alacenas. Dice que no terminará hasta el amanecer —Oliver lo miró con una sonrisa de suficiencia—. Vuelve a tu cama, arquitecto. La estructura de esta casa está muy vigilada esta noche.

Julián dio media vuelta, maldiciendo en tres idiomas. Al otro lado de la puerta, Mía escuchaba todo, mordiéndose el labio para no reírse y no gritar de frustración.




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