Mía, harta de ser el blanco de las bromas, decidió que si Oliver quería jugar con la tecnología, ella jugaría con los sentimientos. Esa misma noche, trajo al "refuerzo": Enzo Mancini, el piloto de carreras.
Enzo entró al salón como si fuera el dueño del mundo. Cuando tomó la mano de Paz y le dio un beso prolongado, Oliver casi rompe el bolígrafo que tenía en la mano.
—Bella Paz... —dijo Enzo con ese acento italiano que hacía que las lámparas de cristal vibraran—. Mía me dijo que necesitabas a alguien que supiera manejar curvas peligrosas. Y yo... soy un experto.
Paz, viendo la cara de Oliver —que parecía un volcán a punto de entrar en erupción—, decidió seguir el juego. —Vaya, Enzo. Es un placer ver a alguien que no necesita un manual de leyes para dar un saludo.
Oliver se levantó, caminando alrededor de Enzo como un tiburón evaluando a su presa. —Mancini. He leído tu historial de conducción. Tienes más multas por exceso de velocidad que neuronas funcionales. ¿Seguro que no te perdiste buscando el circuito de karts? Esta es una casa de gente... con criterio.
—La velocidad es pasión, abogado —respondió Enzo, guiñándole un ojo—. Algo que tal vez no enseñan en sus aburridos libros de texto. ¿No es así, cara Paz?
Mientras Oliver intentaba (y fallaba) disimular sus celos lanzando comentarios ácidos sobre la aerodinámica del peinado de Enzo, Mía y Julián intentaron un último movimiento. Se escabulleron al jardín, aprovechando que Oliver estaba demasiado ocupado intentando "asesinar con la mirada" al italiano.
Se escondieron en el cenador, entre las sombras de las flores. —Si no te beso ahora, juro que voy a demoler esta casa con mis propias manos —susurró Julián, acorralando a Mía.
Estaban a centímetros de distancia cuando un láser rojo apareció en el pecho de Julián.
—Identificación de sujeto requerida —dijo una voz metálica desde un pequeño drone que flotaba sobre ellos—. Sujetos en zona de riesgo de "contacto no autorizado". Iniciando protocolo de distracción.
—¡Luka! —rugió Julián mirando al cielo—. ¡Baja ese aparato ahora mismo!
—Negativo, tío —respondió Luka desde los altavoces del jardín—. Mi experimento de "Resistencia a la Frustración" está dando resultados fascinantes. Además, Oliver viene hacia aquí. Le envié una alerta diciendo que un "intruso sospechoso" (posiblemente un piloto italiano) estaba intentando robar las rosas de Juliette.
—¡Ese niño es un demonio! —susurró Mía, separándose de Julián justo cuando la linterna de Oliver iluminaba el cenador.
—¡Mancini! ¡Sé que estás aquí! ¡Sal de entre las plantas! —gritó Oliver, con un tono de voz que no tenía nada de profesional y todo de un hombre desesperado por celos.
Mía miró a Julián y suspiró. —Sterling, ríndete. Entre la gata espía, el abogado celoso, mi amiga traidora y mi sobrino hacker, nuestra vida sexual está más protegida que las reservas de oro del Banco Central.
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Editado: 02.04.2026