Al día siguiente, la mansión estaba decorada con flores blancas y un catering de cinco estrellas. Mía llevaba un vestido diseñado por ella misma: una obra de arte que dejaba muy poco a la imaginación de Julián y mucho trabajo para su autocontrol.
—¿Listo para tu sentencia de muerte, arquitecto? —susurró Mía mientras bajaban las escaleras frente a los fotógrafos de la prensa social.
—Si la sentencia eres tú, Mía, acepto la cadena perpetua —respondió Julián, dándole un beso en la mano que hizo que los flashes estallaran.
Paz y Oliver aparecieron poco después. Intentaban actuar de forma profesional, pero Paz caminaba con un balanceo de caderas victorioso y Oliver tenía un brillo de satisfacción en la mirada que lo hacía parecer menos un abogado y más un pirata que acaba de encontrar el tesoro.
—Vaya, miren a los tortolitos —dijo Paz, acercándose a Mía—. ¿Ya han decidido quién se queda con la custodia del colchón?
—Muy graciosa, Paz —replicó Mía—. ¿Y tú? ¿Ya terminaste de revisar las "comas" del contrato de Oliver o todavía tienes que hacer unas cuantas... revisiones de campo?
Oliver intervino, carraspeando para ocultar su sonrisa. —Hemos llegado a un acuerdo extrajudicial satisfactorio, Mía. La mediación... fue intensa.
Leo levantó su copa de champán para el brindis oficial. —Por mi hermana Mía y por Julián. Que este compromiso sea el inicio de una estructura...
No pudo terminar. Bianca, que no figuraba en la lista de invitados, apareció en la entrada con un vestido negro de luto y un sobre en la mano. Detrás de ella, el piloto Enzo Mancini lucía una expresión de "estoy aquí solo por el drama".
—¡Paren todo! —gritó Bianca—. Este compromiso es una farsa. Julián no puede casarse con Mía porque todavía tiene un contrato de exclusividad sentimental conmigo que... ¡tengo aquí mismo firmado ante notario!
Julián se rió, pero Oliver dio un paso al frente con una mirada gélida. —Bianca, ese contrato tiene más cláusulas nulas que neuronas tienes tú. Pero si quieres jugar a los documentos... —Oliver sacó su propio sobre—. Aquí tengo la orden de alejamiento que Paz y yo redactamos esta mañana entre "revisión y revisión".
—Y yo tengo esto —añadió Luka, apareciendo con un altavoz portátil—. Es el audio de Bianca diciendo que el perro de la abuela Juliette es en realidad un robot espía.
—¡Luka, eso no tiene nada que ver! —gritó Mía, aunque todo el mundo empezó a reírse.
En medio del caos, Missiu Leguau saltó sobre el vestido de Bianca, rasgando la seda negra con una precisión envidiable.
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Editado: 02.04.2026