El grito de Bianca, el rasguño de Missiu, el drone de Luka y la carcajada de Juliette crearon la distracción perfecta. Mía le tomó la mano a Julián y lo arrastró fuera del salón de la fiesta.
—¡Corre, Sterling! ¡Nuestra propia fiesta es una zona de guerra! —gritó Mía, levantando un poco su vestido para poder correr mejor.
Salieron al jardín trasero, bajo el manto de una noche que prometía algo más que fuegos artificiales. El plan era sencillo: cruzar el bosque que rodeaba la mansión hasta una pequeña cabaña abandonada que Mía usaba a veces como estudio secreto.
—¿Estás segura de que es por aquí? —preguntó Julián, tropezando con una rama—. Esto parece el mapa de un laberinto sin salida.
—Confía en mí, arquitecto. Mi sentido de la orientación artística es infalible —respondió Mía, adentrándose más en la oscuridad.
Treinta minutos después, estaban completamente perdidos. La cabaña no aparecía por ninguna parte, y el único sonido era el aullido lejano de un lobo (o eso quería creer Mía).
—Genial —dijo Julián, suspirando—. Ahora estamos comprometidos, perdidos y probablemente seremos devorados por una manada de lobos. ¿Es así como te imaginabas tu noche de compromiso, Mía?
—No, la verdad. Me imaginaba una noche de pasión desenfrenada en mi cama, no una expedición de supervivencia con un hombre que se queja más que un oso con resaca —replicó Mía, riéndose a pesar de la situación. Se acercó a él y le dio un beso suave.—Pero supongo que cualquier desastre contigo es mejor que un compromiso aburrido.
Mientras Mía y Julián intentaban encontrar el camino, la fiesta de compromiso seguía sumida en el caos. Enzo Mancini, furioso por el rechazo de Paz y la humillación de Oliver, se acercó al abogado con una mirada desafiante.
—Abogado Thorne —dijo Enzo con voz grave—. Si crees que puedes robarme a una mujer y salirte con la tuya, te equivocas. Te desafío. Una carrera. Mañana por la mañana. Tú y yo.
Oliver lo miró, incrédulo. —¿Una carrera? ¿Mancini, eres un niño de diez años? Yo tengo un juicio importante por la mañana. Conduzco un híbrido. Mi prioridad es la eficiencia, no la velocidad.
—Si no aceptas, significa que eres un cobarde. Y que Paz se merece a un hombre que se atreva a arriesgarlo todo —provocó Enzo.
En ese momento, Paz apareció detrás de Oliver, con los brazos cruzados y una sonrisa de gato de Cheshire.
—Oliver, si no le ganas a ese cretino con motor, te juro que anularé todos los "contratos de exclusividad" que firmamos anoche —dijo Paz con un brillo peligroso en los ojos—. Y si no eres lo suficientemente rápido, yo seré tu copiloto. Para asegurarme de que no te quedes dormido al volante.
Oliver miró a Paz, luego a Enzo. El honor de un abogado, su orgullo y su "contrato implícito" estaban en juego.
—Acepto —dijo Oliver, con una mirada gélida—. Pero no me culpes si tu coche termina siendo una evidencia en un caso de desguace ilegal.
#90 en Novela contemporánea
#41 en Otros
#21 en Humor
novela romántica, comedia romance, comedia humor enredos aventuras romance
Editado: 02.04.2026