Diseñando el Desastres

La Villa de las Sombras y el Regreso de la "Mancha Rosa"

La Villa d'Este en Saint-Tropez celebraba su famosa fiesta anual de máscaras. Era el evento perfecto para ocultar identidades y, por supuesto, para que Bianca —que había logrado salir bajo fianza gracias a un tecnicismo legal que Oliver todavía no se explicaba— hiciera su entrada triunfal.

Disfrazada como una "Reina de las Nieves" con una máscara de cristal que ocultaba las marcas de neón rosa que aún le quedaban en las orejas, Bianca acechaba desde la balconada.

—Mira a Julián —le susurró a su nuevo aliado, un inversor resentido—. Está tan ocupado vigilando quién mira el escote de Mía que ni siquiera se dará cuenta cuando le robe la llave digital de los servidores de Selene Global que lleva en el reloj.

Mientras tanto, Mía y Paz estaban en la pista de baile, rodeadas de admiradores franceses, mientras Julián y Oliver las observaban desde la barra con la intensidad de dos francotiradores.

—Thorne, ¿ese tipo le acaba de ofrecer un macarrón a Paz de forma sugerente? —preguntó Julián, apretando su vaso de whisky.

—Es una técnica de seducción gala, Sterling. El azúcar eleva la dopamina —respondió Oliver, ajustándose su máscara de cuero negro—. Si se atreve a darle un segundo macarrón, presentaré una demanda por hostigamiento gastronómico.

En medio de la tensión, los teléfonos de Oliver y Paz empezaron a vibrar como locos. Era una videollamada de Luka desde el estudio de Ginebra.

—Tíos, tenemos un problema de ciberseguridad —dijo el niño, cuya cara iluminada por la luz azul de los monitores lo hacía parecer un villano de Bond—. He detectado que las cuentas de gastos de la oficina están siendo vaciadas desde una ubicación... a tres metros de ustedes.

—¡¿Qué?! —gritó Oliver, olvidando por un segundo al hombre de los macarrones—. ¡Eso es imposible! ¡Tengo tres capas de cifrado!

—Tu cifrado es bueno, tío Oliver, pero dejaste la sesión abierta en tu tablet de la suite para ver el caso de Bianca —explicó Luka con una calma aterradora—. Alguien entró físicamente en la habitación. Y ahora mismo, están intentando transferir el fondo de pensiones de la empresa a una cuenta en las Islas Caimán.

Paz miró a Oliver con horror. —Thorne, tenemos que trabajar. Ahora.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.