La sala de juntas de Selene Global se había convertido en un campo de batalla ideológico. Leo había desplegado sobre la mesa planos de seguridad física: cámaras térmicas, vidrios blindados y guardias de élite para la nueva expansión.
—Es simple, Ethan —decía Leo, golpeando el plano con el dedo—. Si un intruso no puede saltar la valla, no hay problema. Necesitamos barreras físicas, no líneas de código.
Ethan, sentado con una calma exasperante mientras giraba una pluma de plata entre sus dedos, soltó una risa seca.
—Leo, hermano, sigues viviendo en el siglo XX. Hoy en día, nadie salta vallas. Entran por el termostato inteligente o por la cafetera con Wi-Fi de la recepción. Lo que tú propones es un castillo medieval; lo que yo voy a instalar es un sistema de defensa predictivo por IA que neutraliza la amenaza antes de que el intruso se ponga los guantes.
—¡Mi sistema es infalible! —rugió Leo—. ¡Pregúntale a Julián!
Julián, que estaba intentando diseñar un atrio de cristal, levantó las manos en señal de rendición. —No me metan en esto. Mis muros son para que se vean bonitos, no para detener a un comando de ninjas o a un hacker ruso. Mía, ayúdame.
—Yo solo sé que si ponen una cámara más en mi taller, voy a empezar a cobrarle derechos de autor a la seguridad —replicó Mía—. Ethan, Leo, compórtense. Parecen dos pavos reales peleando por quién tiene las plumas más tecnológicas.
Esa noche, para aliviar la tensión, Paz organizó una cena de bienvenida para Ethan en un restaurante ultra exclusivo. Decidió invitar a una vieja amiga de la universidad, Isabella Rossi, una mujer brillantemente guapa y experta en finanzas internacionales.
—Ethan necesita a alguien que hable su idioma de "tiburón" —susurró Paz a Mía mientras esperaban en la mesa.
Cuando Isabella llegó y empezó a encantar a Ethan con datos sobre el mercado asiático, Oliver se puso rígido. Su instinto de abogado, agudizado por años de detectar mentiras en los tribunales, se activó de inmediato.
—Esa mujer no es experta en finanzas —le susurró Oliver a Julián, sin apartar la vista de Isabella—. Mira cómo sostiene la copa. Demasiado cuidadosa. Y sus preguntas sobre el fondo de inversión de Juliette son demasiado... específicas.
—Ollie, relájate. Quizás solo es inteligente —dijo Julián, aunque él también empezó a notar algo extraño cuando Isabella le guiñó un ojo de forma casi profesional.
#90 en Novela contemporánea
#41 en Otros
#21 en Humor
novela romántica, comedia romance, comedia humor enredos aventuras romance
Editado: 02.04.2026