Diseñando el Desastres

Infiltración en los Alpes

Ahora que sabían qué buscaba el enemigo, la estrategia cambió. Ethan descubrió que el Inversor Fantasma estaba operando desde un club privado de ultra-lujo tallado en el interior de una montaña en los Alpes suizos.

—Necesitamos los códigos de encriptación que ellos ya le han robado a los servidores antiguos de Juliette —dijo Ethan—. Y la única forma de entrar es como invitados VIP.

—Paz y yo iremos —dijo Mía, con una chispa de emoción en los ojos—. Somos las que menos parecemos "seguridad". Podemos pasar por dos coleccionistas de arte excéntricas buscando invertir en el "Hormigón Vivo".

Julián y Oliver saltaron de sus asientos al mismo tiempo.

—¡De ninguna manera! —exclamó Julián—. Ese club es conocido por sus fiestas "sin límites". No voy a dejar que te expongas así.

—Técnicamente —añadió Oliver, ajustándose la corbata con nerviosismo—, es una zona fuera de jurisdicción. Si algo sale mal, no puedo sacarlas legalmente de allí en menos de 48 horas. ¡Es un suicidio profesional y personal!

—Relájense, caballeros —dijo Paz, entrando con un vestido de lentejuelas plateadas que parecía una armadura moderna—. Ethan nos dará comunicadores y Luka vigilará las cámaras. Ustedes dos se quedarán en el coche de huida, intentando no romper nada con sus ataques de celos.

El club alpino era un laberinto de cristal y roca negra. Mía y Paz entraron luciendo máscaras que Ethan había equipado con escáneres oculares.

—Mía, a tu derecha —susurró la voz de Ethan por el pinganillo—. Ese es el administrador del Inversor Fantasma. Tienes que acercarte y clonar su tarjeta magnética.

Mía avanzó con la elegancia de una pantera. Se acercó al hombre, un tipo arrogante con un traje de terciopelo. —He oído que aquí se subastan los secretos de la tierra —dijo Mía, usando su tono más seductor y artístico—. Mi socio y yo estamos buscando algo... profundo.

Mientras tanto, en la furgoneta oculta a un kilómetro de distancia, Julián y Oliver observaban la transmisión de video.

—¡¿Por qué le está tocando el brazo?! —gruñó Julián, apretando el volante—. Mía, aléjate de ese tipo, su lenguaje corporal es depredador.

—¡Miren el escote de Paz! —exclamó Oliver, ajustando el zoom de la pantalla—. ¡Ese ángulo no es necesario para clonar una tarjeta! ¡Voy a entrar! ¡Ethan, dame un arma o un mazo legal, pero entro ya!

—¡Cállense los dos! —ordenó Ethan desde su monitor—. Están interfiriendo con la señal. Mía, Paz, buen trabajo. Tarjeta clonada. Ahora busquen la entrada al nivel inferior.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.