Diseñando el Desastres

El Regreso a la Fortaleza

El escape fue frenético, pero la verdadera batalla estaba en casa. Al llegar a la mansión, el panorama era desolador: el sistema de seguridad de Leo había sido vulnerado desde el subsuelo. Los mercenarios del Inversor Fantasma no habían entrado por las puertas, sino por los túneles olvidados que conectaban con las alcantarillas antiguas de Ginebra.

—¡Están en la biblioteca! —gritó Ethan, que ya estaba allí con un rifle de asalto táctico, cubriendo a Juliette—. ¡Están intentando acceder a la terminal física de Luna!

La familia se dividió. Leo y Ethan tomaron el frente, moviéndose por los pasillos con una coordinación militar. Julián y Oliver, aunque no eran soldados, tomaron lo que tenían a mano (Julián un pesado mazo de obra y Oliver una pistola eléctrica de alta potencia) para proteger a Mía y Paz.

Bajaron por la escalera de caracol que Juliette había revelado. El aire abajo era frío y olía a hormigón viejo y electricidad estática. Se encontraron en una sala de servidores que parecía sacada de la Guerra Fría, donde tres mercenarios ya estaban conectando dispositivos de hackeo a la terminal principal.

—¡Fuera de mi casa! —gritó Leo, lanzándose contra el mercenario más grande.

La pelea fue brutal. Ethan neutralizaba a los enemigos con una eficiencia aterradora, mientras Julián bloqueaba el acceso a la consola principal usando su cuerpo como escudo. Oliver, por su parte, logró incapacitar al técnico del enemigo antes de que pudiera iniciar la descarga de los planos de la ciudad.

—¡Mía, el código! —gritó Ethan—. ¡Usa la clave que Juliette escribió en el diario!

Mía se abalanzó sobre el teclado antiguo. Sus dedos volaban sobre las teclas mientras Paz cubría la puerta. —Geometría... Sacrificio... Legado... —susurró Mía mientras introducía las palabras.




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