Justo cuando la barra de descarga del enemigo llegaba al 99%, la pantalla se puso en rojo. Una grabación de voz resonó en todo el búnker. Era la voz de Benicio, el abuelo de Mía, Ethan y Leo.
"Si estás escuchando esto, es porque la curiosidad o la avaricia han superado a la lealtad. Este archivo no contiene planos. Contiene el historial de todos los sobornos y crímenes de los que intentaron destruir Selene Global hace treinta años. Gracias por darnos tu dirección IP actual para la entrega automática a la Interpol."
Los mercenarios, al darse cuenta de que habían sido engañados por un hombre muerto hace décadas, intentaron huir, pero Missiu Leguau (que de alguna manera se había colado en el búnker) se cruzó en el camino del líder, haciéndolo tropezar justo a los pies de Leo.
—Se acabó —dijo Juliette, bajando el detonador—. La verdad ha salido a la luz, y sus jefes van a estar demasiado ocupados con la policía internacional como para preocuparse por nosotros.
Horas después, con los heridos vendados y la policía científica procesando el búnker, la familia se reunió en la cocina para tomar un café amargo.
—Así que... —dijo Julián, limpiándose un poco de sangre del labio—, ¿el "tesoro" era en realidad una trampa del abuelo Benicio para los enemigos del futuro?
—Mi abuelo siempre iba tres pasos por delante de todos —dijo Ethan, mirando los monitores con respeto—. El sabía que un día alguien vendría a reclamar lo que no era suyo.
—Y ahora que no hay secretos que guardar —añadió Oliver, abrazando a una Paz que aún temblaba un poco por la adrenalina—, ¿qué sigue? ¿Podemos finalmente tener una semana sin que alguien intente matarnos?
Juliette sonrió, acariciando a la gata. —Bueno, todavía tenemos una mansión que reparar, una expansión que terminar y... —miró a Mía y Julián— ...una boda que planear. Pero esta vez, quiero que sea en un lugar sin sótanos secretos.
Luka entró en la cocina con su tablet. —Oigan, he detectado que los archivos que el bisabuelo Benicio envió a la Interpol también incluyen una cuenta de ahorros olvidada a nombre de "La Próxima Generación". Y tiene muchos ceros.
Oliver fue el que rompió primero. Tras despertarse tres noches seguidas gritando cláusulas del Código Penal en medio de un búnker imaginario, decidió que la familia necesitaba intervención profesional.
—Es por el bienestar de la estructura emocional de Selene Global —argumentó Oliver, mientras arrastraba a un Julián quejumbroso y a una Paz divertida a una lujosa oficina en el centro de Ginebra.
El terapeuta, el Dr. Aristhène, un hombre con una paciencia infinita y una barba que inspiraba confianza, los miró por encima de sus gafas mientras toda la familia (incluyendo a Missiu Leguau en su transportín de seda) se acomodaba en su despacho.
—Empecemos por usted, Sr. Thorne —dijo el doctor—. Me dicen que tiene pesadillas con alcantarillas y mercenarios.
—Doctor, mi problema no es el búnker —respondió Oliver, apretando los cojines del diván—. Mi problema es que mi pareja considera que una pistola de impulsos electromagnéticos es un accesorio de moda adecuado para una gala, y que mi amigo y colega legal, Ethan, hackeó mi cepillo de dientes inteligente para que me diera el pronóstico del tiempo cada mañana. ¡Vivo en una distopía de seguridad!
—Y yo —intervino Julián— no puedo mirar una pared sin preguntarme si hay un compartimento secreto detrás. Ayer intenté colgar un cuadro de Mía y terminé derribando media cocina porque "sentí un vacío estructural" que resultó ser solo una cámara de aire.
Paz soltó una carcajada. —Doctor, ignórelos. Son unos dramáticos. Lo único que necesitamos es que Oliver deje de revisar el perímetro de la cama con una linterna táctica antes de dormir. Corta un poco el ambiente... romántico.
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Editado: 02.04.2026