Mientras el Dr. Aristhène intentaba procesar por qué una gata lo miraba con juicio clínico, Ethan permanecía en un rincón de la sala, con los brazos cruzados y una expresión que el terapeuta calificó como "el muro de Berlín de las emociones".
—¿Y usted, Sr. Ethan Ferrer? —preguntó el doctor—. Me dicen que fue el héroe tecnológico de la jornada. ¿Cómo se siente?
—Siento que usted cobra demasiado por hora para hacerme preguntas cuya respuesta no alterará el PIB de este país —respondió Ethan con una frialdad gélida—. Mis niveles de cortisol están optimizados. Mi única preocupación es la incompetencia ajena.
Pero por dentro, Ethan estaba librando una batalla distinta. Durante la purga de datos en el búnker, sus ojos de analista habían captado algo que el software del abuelo Benicio no borró. Había una carpeta oculta con el nombre clave "Proyecto Helios".
No era solo una lista de sobornos. Era una red de influencias que llegaba hasta las familias reales de Europa. El Inversor Fantasma era solo el conserje de alguien mucho más poderoso: una organización llamada El Sindicato de la Piedra, una logia de constructores y banqueros que controlaban el desarrollo urbano del continente.
Esa noche, tras la desastrosa sesión de terapia (donde Missiu terminó orinando en el maletín del doctor), Ethan llamó a Julián a la biblioteca. No llamó a Leo, porque Leo era demasiado impulsivo. Necesitaba la mente creativa y la lealtad incondicional de su futuro cuñado.
—Julián, mira esto —dijo Ethan, girando la pantalla hacia él—. El búnker no era el final. Era el cebo.
Julián palideció al ver los organigramas que Ethan había reconstruido. —Ethan... este nombre en el centro... es el mayor proveedor de acero de toda Europa. Si ellos están detrás de esto, Selene Global no tiene competencia. Tiene una sentencia de muerte.
—Exacto —asintió Ethan—. El Inversor Fantasma solo quería los planos para que El Sindicato pudiera demoler los cimientos legales de Selene Global y absorbernos. Y hay algo más... —Ethan hizo zoom en una foto antigua de la fundación de la empresa—. Mira al hombre que está al fondo de la imagen con Juliette y el abuelo Benicio
Julián entrecerró los ojos. —¿Ese no es el actual Ministro de Infraestructuras?
—El mismo. El hombre que tiene que firmar los permisos de nuestra expansión la próxima semana —sentenció Ethan—. Estamos caminando hacia una trampa de oro, Julián. Y si le decimos esto a Mía o a Paz, se pondrán en peligro.
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Editado: 02.04.2026