La cena oficial con el Ministro de Infraestructuras en su residencia de montaña fue un ejercicio de alta tensión diplomática. La familia Ferrer al completo (incluida Missiu Leguau en el regazo de Mía, por si había que activar un "protocolo de distracción felino") estaba sentada en la mesa.
—Es un honor tenerlos, familia Ferrer —dijo el Ministro, alzando su copa—. La expansión de Selene Global es un testimonio del progreso.
—Y de la transparencia —añadió Ethan, con un tono que solo Julián entendió como una amenaza velada—. ¿Verdad, Ministro? Siempre es mejor cuando no hay secretos entre socios.
El Ministro sonrió, pero sus ojos brillaron con un destello frío. Sabía que Ethan no era fácil de engañar. La conversación derivó hacia la política y las "oportunidades de inversión".
—Hay una organización, El Sindicato de la Piedra, que está haciendo grandes cosas por Europa —dijo el Ministro, observando las reacciones—. Están interesados en nuevos socios.
Mía sintió cómo la mano de Julián bajo la mesa se apretaba alrededor de la suya. La tensión era palpable. La familia Ferrer estaba cenando con el enemigo, y solo Ethan y Julián sabían lo profundo que era el abismo.
Más tarde, mientras se preparaban para irse, Mía se dio cuenta de que Julián estaba más callado de lo normal. La miraba de una forma extraña, como si cargara con un peso invisible.
—¿Qué pasa, Sterling? —preguntó Mía, deteniéndolo en el pasillo—. Has estado raro toda la noche. ¿Y tú y Ethan no paran de lanzarse miradas de código secreto?
—No es nada, Mía —respondió Julián, intentando forzar una sonrisa—. Es solo la presión de la expansión. Sabes cómo somos los arquitectos cuando se trata de fechas de entrega.
Pero Mía no era tonta. Había visto la cara de preocupación de Oliver cuando el Ministro habló de El Sindicato de la Piedra. Había sentido la tensión de Paz. Y sabía que Julián le estaba ocultando algo vital.
—Julián, si hay algo que poner en peligro a esta familia, quiero saberlo —dijo Mía, con voz firme—. Después de lo del búnker, no más secretos. No entre nosotros.
Julián vaciló. Quería contárselo todo, pero la advertencia de Ethan resonó en su mente: poner a Mía en peligro era inaceptable.
—Prometo que todo estará bien —dijo Julián, abrazándola fuerte—. Confía en mí, Mía.
Mía no le creyó del todo, pero decidió observar. Su instinto de artista le decía que había sombras ocultas bajo la superficie.
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Editado: 02.04.2026