Diseñando el Desastres

El Dilema de Oliver

Mientras Julián y Ethan jugaban al espionaje de alto riesgo en el atrio, Oliver se encontraba en su despacho, lidiando con una amenaza que no sabía que venía del mismo lugar. La llamada del Dr. Aristhène lo había dejado frío.

—Sr. Thorne, tengo que informarle de una situación... inusual —dijo el terapeuta—. Unos hombres que dicen ser de una "agencia de cumplimiento de normativas" me han pedido los expedientes de su familia. Me han amenazado con arruinar mi carrera si no coopero.

Oliver, sin saber nada del Sindicato de la Piedra ni del plan de Ethan, asumió que esto era un coletazo desesperado de los antiguos socios de Bianca o alguna venganza personal.

—Doctor, no diga una palabra más. Yo me encargaré de esto legalmente —sentenció Oliver—. No le mencione esto a nadie más de la familia, no quiero alarmar a Mía o a Leo innecesariamente.

Oliver colgó y miró a Paz, que estaba sentada en su escritorio jugando con un abrecartas. —Paz, necesito un favor. Pero no es para Selene Global. Es algo... personal. Hay unos tipos molestando a nuestro terapeuta.

—¿Molestando al doctor? —Paz arqueó una ceja con una sonrisa peligrosa—. Oh, Ollie, me encanta cuando me pides cosas que no requieren un código civil. ¿Quieres que les enviemos una citación o que les envíe un mensaje que no podrán olvidar?

Esa tarde, Oliver y Paz montaron guardia cerca de la clínica del doctor. Oliver llevaba su tablet, listo para grabar cualquier infracción legal, mientras Paz se había puesto una chaqueta de cuero y su mirada de "no me busques problemas".

—Mira, ahí están —susurró Oliver, señalando a dos hombres con trajes oscuros y gafas de sol que entraban al edificio—. Parecen cobradores de deudas, no investigadores.

—Son aficionados, Ollie —respondió Paz, bajándose del coche—. Tú quédate aquí y prepara la demanda. Yo voy a aplicar mi propia "jurisprudencia".

Paz entró al edificio y, usando a Missiu Leguau (que se había colado en el asiento trasero y ahora saltaba sobre los hombros de Paz como una pantera de bolsillo), interceptó a los hombres en el ascensor.

Minutos después, los dos sujetos salieron del edificio corriendo, uno de ellos con un arañazo en la nariz y el otro con el teléfono móvil destrozado. Paz salió caminando tranquilamente, guardándose un fajo de tarjetas de visita que les había quitado.

—¿Qué pasó? —preguntó Oliver, estupefacto.

—Digamos que les expliqué que el secreto profesional es algo que mi gata y yo nos tomamos muy en serio —dijo Paz, entregándole las tarjetas—. Aquí tienes. Trabajan para una empresa llamada "Infraestructura Global". ¿Te suena?

Oliver revisó las tarjetas. No sabía que era una subsidiaria del Sindicato. —No, pero voy a investigar cada centavo de su existencia.




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