Diseñando el Desastres

La Huida y la Verdad

—¡Tenemos que salir de aquí! —ordenó Ethan, cerrando la tablet—. ¡El archivo está completo!

La familia corrió hacia la salida de emergencia que Julián había dejado abierta. Mientras escapaban hacia la mansión, Oliver se detuvo frente a Ethan en el estacionamiento.

—Me ocultaste esto —dijo Oliver, su voz temblando de rabia—. Usaste mi firma, mi red y mi ética para una operación de vigilancia ilegal. Ethan, eres el mejor abogado que conozco, y hoy acabas de destruir todo por lo que juramos.

—No, Oliver —respondió Ethan, entregándole la tablet—. He salvado a la familia. Ahora, si quieres demandarme, hazlo. Pero primero, revisa esos archivos. El Sindicato no solo quería la empresa. Querían a Jazmín, a Luka, a Leo, a Mía... y a ti.

Mía se acercó a Julián, que aún estaba procesando el hecho de que casi lo arrestan. —¿Vale la pena, Sterling? ¿Vale la pena construir imperios si tenemos que vivir como criminales?

Julián la miró a los ojos. —Solo si los construimos juntos, Mía. Porque hoy hemos descubierto que Selene Global no es un edificio. Es una trinchera.

El Ministro, antes de ser esposado y llevado por la Interpol gracias a los datos de Ethan, intentó una última jugada: demandar a la familia por "espionaje ilegal y alteración del orden público".

—Su Señoría —dijo Oliver, poniéndose la toga con una solemnidad que hacía que la sala del juzgado pareciera una catedral—, mi cliente, el Sr. Ethan Ferrer, no hackeó un sistema. Simplemente realizó una "auditoría de transparencia arquitectónica no solicitada".

Ethan, sentado al lado de Oliver, le susurró: —Oliver, esa es la peor defensa técnica que he oído en mi vida, pero suena tan absurda que podría funcionar.

—Cállate, Ethan —respondió Oliver—. Estoy salvando tu licencia de abogado. Déjame trabajar.

El juicio se convirtió en un espectáculo cuando Mía testificó que las proyecciones eran "arte conceptual" y que, si los datos del Ministro coincidían con su arte, era una "serendipia estética". Al final, con la Interpol presentando los cargos de corrupción contra el Sindicato, el juez desechó el caso contra los Ferrer.

—Libres —susurró Julián, abrazando a Mía a la salida del juzgado—. Y ahora, por el amor de Dios, que nadie mencione la palabra "servidor", "búnker" o "traición" en los próximos seis meses.




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