Diseñando el Desastres

El Secreto de las Tierras

De vuelta en la villa, Mía se quedó sola con Sofía mientras los hombres estaban en el mercado. Notó que Sofía no miraba los paisajes para pintarlos, sino que estudiaba unos mapas topográficos muy antiguos de la propiedad de Juliette.

—Sofía, ¿qué buscas realmente? —preguntó Mía, acercándose con su bloc de dibujo—. Y no me digas que el "alma de las piedras". Has estado midiendo la distancia entre el pozo y la entrada de la villa tres veces hoy.

Sofía suspiró y cerró su mapa. —Eres observadora, Mía. No es solo arqueología. Mi abuelo trabajó para Selene Global hace décadas. Él creía que Juliette y Benicio no solo guardaban secretos en Ginebra.

Mía sintió un escalofrío. —¿A qué te refieres?

—Hay una leyenda en mi familia —susurró Sofía—. Dicen que el verdadero diseño original, el "Plano Cero" de Selene Global, el que muestra cómo construir ciudades que nunca caigan, fue enterrado aquí, en la Toscana, bajo una de las columnas de esta villa. Juliette arrancó la página del diario para que nadie encontrara el mapa... pero mi abuelo dejó las coordenadas.

Esa noche, bajo las estrellas, la tensión explotó. Ethan entró a la cena con el rostro serio.

—Paz, deja de mentir. Sofía ya sabe que no soy bibliotecario —dijo Ethan, sentándose—. Y yo sé que ella no está aquí por mi "encanto aburrido". Está aquí por lo que hay debajo de esta casa.

Juliette, que estaba bebiendo un limoncello, dejó la copa con fuerza sobre la mesa. El silencio fue total. Hasta los bebés se callaron.

—Así que lo encontraste, niña —dijo Juliette, mirando a Sofía—. El legado de tu abuelo. Pensé que esa familia se había rendido hace años.

—¿De qué hablan? —preguntó Leo, mirando de uno a otro—. ¿Hay otro búnker aquí? ¡Por favor, decíme que no hay otro búnker! ¡Solo quiero unas vacaciones normales!

—No es un búnker, Leo —dijo Juliette con una sonrisa melancólica—. Es el corazón de todo. El diseño que tu abuelo, Benicio, perfeccionó. El "Proyecto Utopía".

En ese momento, las luces de la villa parpadearon. Luka miró su tablet con pánico. —Tíos... alguien acaba de activar un inhibidor de señal en el perímetro. Y no son cabras.

Julián se levantó, protegiendo a Mía. —Parece que El Sindicato de la Piedra ha descubierto que estamos en la Toscana. Y esta vez, no tenemos muros de cristal templado para escondernos.




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