Leo, harto de ver a sus hermanos y cuñados moverse como jirafas recién nacidas, decidió tomar cartas en el asunto. Despejó el gran salón de la villa, puso música de vals a todo volumen y se colocó un silbato en el cuello.
—¡Alineación! —gritó Leo—. Julián, deja de mirar el suelo, el suelo no se va a mover. Oliver, relaja los hombros, pareces un busto de mármol con espasmos.
—Leo, esto es degradante —protestó Oliver, mientras intentaba mantener la postura con Paz, que se moría de la risa—. Soy un socio principal de una firma legal, no un concursante de "Bailando por un Sueño".
—Eres un novio que va a dar vergüenza ajena si no aprendes a girar sin derribar a la abuela —replicó Leo—. ¡Y ahora, el obstáculo!
Leo soltó a los trillizos (Mateo, Alessandro y Sofía) en sus andadores en medio de la pista. Los bebés, encantados con la música, empezaron a desplazarse a toda velocidad, convirtiendo el salón en una zona de guerra de pañales.
—¡Esqueve a Mateo! ¡Giro a la izquierda para evitar a Alessandro! —gritaba Leo—. ¡Si pisan un andador, están fuera!
Julián, intentando proteger a Mía, terminó haciendo una pirueta desesperada para no chocar con Sofía, que le lanzaba un chupete con puntería de francotiradora. Al final, todos terminaron en el suelo, riendo a carcajadas, mientras Missiu Leguau observaba desde lo alto de una cortina, juzgando su falta de equilibrio.
De vuelta en Ginebra, la expansión de Selene Global necesitaba un catálogo artístico que suavizara la imagen de "imperio de cristal y acero". Mía, con su habitual instinto, decidió que no había nadie mejor que Alice para darle ese toque mágico.
—¡Ethan, firma esto! —dijo Mía, entrando en el despacho de su hermano y dejando una pila de papeles sobre su escritorio—. He contratado a Alice como jefa de ilustración para el catálogo de la expansión.
Ethan, que estaba concentrado en una auditoría, casi suelta la pluma. —¿A Alice? Mía, ella dibuja... cosas de niños. Nosotros construimos rascacielos.
—Precisamente —respondió Mía con una sonrisa triunfal—. Queremos que la gente se sienta en un cuento de hadas cuando entre al atrio. Además, Alice ya aceptó. Su estudio estará justo al lado del tuyo.
Ethan sintió un vuelco en el estómago. Ver a Alice todos los días... con sus pecas, su timidez y su olor a papel viejo y lápices de colores. Era una distracción táctica para la que no estaba preparado.
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Editado: 02.04.2026