Al día siguiente, Ethan salió de su despacho buscando café con la urgencia de quien no ha dormido pensando en ilustraciones de flores. En la zona de descanso se encontró con Alice, que peleaba con la moderna máquina de café táctil de Selene Global.
—Es... es un poco complicada —murmuró Alice, saltando un poco cuando lo vio. Llevaba un vestido verde menta y una mancha de pintura azul en la mejilla que Ethan encontró hipnotizante.
—Déjame —dijo Ethan, acercándose más de lo estrictamente necesario para presionar la pantalla—. Es un sistema de interfaz dual. Tienes que confirmar la presión del vapor aquí.
—Oh... —Alice lo miró con esos ojos claros—. Eres muy bueno con las máquinas, Ethan. Yo sigo prefiriendo el pincel. Me da miedo que en esta oficina tan moderna, mis dibujos parezcan... fuera de lugar.
Ethan la miró y, por un segundo, se olvidó de los contratos y las fusiones. —Alice, en este edificio todo es frío y calculado. Tus dibujos son lo único que tiene vida propia aquí. No cambies nada.
Alice le sonrió, y Ethan sintió que su muro de cinismo perdía otro ladrillo. Sin embargo, justo cuando el momento se volvía romántico, Luka apareció corriendo con una tablet.
—¡Tío Ethan! ¡El sistema dice que la presión de la cafetera ha subido porque alguien se quedó parado frente al sensor demasiado tiempo! ¿Estás teniendo un error de sistema o es que Alice te gusta?
Ethan cerró los ojos, pidiendo paciencia. —Luka, vete a hackear algo constructivo. Ahora.
La presencia de Alice no pasó desapercibida. Un arquitecto junior, apuesto y con aires de poeta, llamado Fabio, empezó a rondar la mesa de dibujo de Alice con demasiada frecuencia, llevándole pasteles y ofreciéndose a "ayudarla con las proporciones".
Desde su oficina acristalada, Ethan observaba la escena con la mandíbula apretada.
—¿Problemas de "visión", Ethan? —preguntó Julián, entrando sin llamar—. Te veo muy concentrado mirando hacia el pasillo.
—Ese tipo, Fabio, está interfiriendo con el flujo de trabajo de la ilustradora —gruñó Ethan—. Debería estar revisando los cálculos de carga del ala norte.
—Ah, claro —rio Julián—. Seguro que es por el "flujo de trabajo". No tiene nada que ver con que le esté enseñando a Alice cómo se dice "hermosa" en italiano.
Ethan se levantó, ajustándose la chaqueta. —Voy a recordarle a Fabio cuáles son las políticas de acoso en el entorno laboral. Como abogado jefe, es mi deber.
Julián se apoyó en la puerta mientras veía a Ethan caminar hacia Alice con una determinación que daba miedo. —Mía tenía razón —susurró—. Los Ferrer, cuando se enamoran, son más peligrosos que una demolición mal calculada.
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Editado: 02.04.2026