Ethan había planeado todo con precisión legal. Reservó una mesa en un rincón discreto de un restaurante francés para "revisar los bocetos" de Alice. Quería un ambiente controlado, sin interrupciones.
—Alice, el uso del color pastel en el área de recepción es... interesante —decía Ethan, tratando de sonar profesional mientras sus ojos no dejaban de mirar cómo ella se manchaba la nariz con un poco de espuma de chocolate.
—¿Te gusta, Ethan? —preguntó ella tímidamente—. Pensé que quizás era demasiado suave para tu oficina.
Justo cuando Ethan iba a decir algo que no tenía nada que ver con el trabajo, una voz familiar retumbó en el restaurante.
—¡Vaya, vaya! ¡Pero si es el departamento legal y el de arte cenando horas extra! —exclamó Julián, apareciendo con Mía del brazo y una sonrisa de absoluta malicia.
—¿Qué hacen aquí? —gruñó Ethan, viendo cómo Julián arrastraba una silla para sentarse sin invitación.
—Vimos tu coche fuera y pensamos: "Pobre Ethan, tan solo y aburrido con sus leyes, necesita que su hermana favorita y su arquitecto estrella le animen la noche" —dijo Mía, guiñándole un ojo a Alice—. ¡Alice, querida! Cuéntanos, ¿Ethan te ha aburrido ya con el artículo 12 del Código Civil o todavía estamos en la fase de "miradas intensas"?
La cena terminó con Julián intentando explicarle a Alice la "geometría del amor" usando trozos de pan, mientras Ethan deseaba que la tierra se tragara a su familia.
Al día siguiente, Valeria y Leo pasaron por la oficina con los trillizos (Mateo, Alessandro y Sofía) para una visita rápida. Sin embargo, en un descuido de Leo (que se quedó atrapado en una llamada de seguridad), los bebés —que ya empezaban a gatear a velocidad de escape— se metieron en el estudio de Alice.
Cuando Ethan entró a buscar a su hermana, se quedó petrificado. Los trillizos habían encontrado las pinturas acrílicas de Alice.
—¡Oh, por Dios! —exclamó Ethan.
Mateo y Alessandro habían estampado sus manos verdes y azules por toda la pared blanca inmaculada que conectaba el estudio con el despacho de Ethan. La pequeña Sofía estaba sentada en medio, intentando pintar a Missiu Leguau, que lucía una mancha amarilla en la cola y una expresión de indignación histórica.
—¡Mis bebés! —gritó Valeria, entrando al rescate—. ¡Ethan, lo siento muchísimo! ¡Tu pared minimalista!
—Es... es un mural expresionista —dijo Alice, entrando tras ella y aguantando la risa al ver la cara de Ethan—. Mira, Ethan, Mateo ha diseñado un patrón de tráfico de datos muy interesante.
Ethan miró la pared, luego a los bebés cubiertos de pintura y finalmente a Alice, que se reía abiertamente. Suspiró y, por primera vez, no llamó al equipo de limpieza. —Está bien. Déjenlo así. Es la primera vez que esta pared tiene algo de personalidad. Pero que alguien limpie a la gata antes de que decida vengarse en mis alfombras.
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Editado: 02.04.2026