Diseñando el Desastres

El Jaque Mate en la Mesa

La cena fue una tortura china para Camila. Cada vez que intentaba presumir de un logro, uno de los invitados recordaba cómo ella se había atribuido el mérito de otros o cómo había manipulado al Consejo de Milán.

Julián, sentado al lado de Mía, le susurró al oído: —Esto es más efectivo que cualquier búnker, Mía. La estás destruyendo con la verdad.

—Es el poder del arte de la conversación, Sterling —respondió ella—. Y mira a Sebastián.

Sebastian estaba en la otra punta de la mesa, todavía con restos de purpurina dorada tras las orejas y con Missiu Leguau sentada en su regazo. La gata le había tomado cariño después de que él pasara ocho horas sin moverse, y ahora no lo dejaba comer.

Sr. Ferrer —suplicaba Sebastian a Ethan—, ¿puede quitarme a este tigre doméstico? No siento las piernas.

—Lo siento, Sebastian —respondió Ethan con una sonrisa cínica—. En esta casa, la gata tiene más rango que un consultor. Es la ley.

La paz en el ático de Oliver se rompió cuando la puerta se abrió de un golpe, sin que nadie llamara al timbre. Paz saltó del sofá con un grito de alegría.

—¡Bastián! —exclamó, lanzándose a los brazos de un hombre que parecía haber salido de una película de acción de supervivencia.

Oliver, que estaba terminando de redactar un contrato de fideicomiso mientras tomaba un té Earl Grey, se levantó lentamente.

—Paz, ¿quién es este caballero que acaba de ignorar tres sistemas de seguridad y mi derecho a la privacidad? —preguntó Oliver, ajustándose las gafas con nerviosismo.

—Oliver, este es mi hermano mayor, Bastián —dijo Paz, radiante—. Bastián, este es Oliver, mi prometido. Es... abogado.

Bastián soltó a su hermana y caminó hacia Oliver. Lo rodeó como si fuera un edificio que estaba a punto de demoler. Oliver, valientemente, mantuvo la espalda recta, aunque su mano temblaba ligeramente sobre su taza de porcelana.

—Un abogado —gruñó Bastián con una voz profunda—. Paz me dijo que se casaba con un hombre "sólido". No me dijo que era un hombre que usa gemelos de plata para desayunar. ¿Sabes cambiar una rueda, Oliver? ¿Sabes encender un fuego sin usar un mechero de oro?




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