Diseñando el Desastres

El Rescate de las "Espías"

Mientras tanto, a unos kilómetros de distancia, Mía y Paz observaban todo a través de los monitores en su coche, gracias al dron de Luka.

—Mira eso, Paz —rio Mía—. Tu hermano tiene a Julián intentando pescar en un arroyo congelado con una rama. ¡Es patético!

—Y mi prometido está leyendo leyes a unos bebés en medio del bosque —suspiró Paz—. Tenemos que ir allí antes de que Bastián los obligue a comer musgo.

Sin embargo, cuando intentaron acercarse con el coche por un camino vecinal, se quedaron atrapadas. Un grupo de vacas alpinas, atraídas por el brillo del coche de lujo de Mía, rodearon el vehículo. Una vaca especialmente grande empezó a lamer el parabrisas mientras otra mordisqueaba el espejo retrovisor.

—¡Mía, haz algo! ¡Se están comiendo el coche! —gritó Paz.

—¡No puedo atropellar a una vaca suiza, Paz! ¡Tendría a Oliver demandándome de por vida!

Tuvieron que llamar por radio a los chicos. Diez minutos después, apareció Julián corriendo (con una bota menos), seguido de un Oliver que sostenía a un bebé en cada brazo como si fueran maletines legales. Bastián llegó al final, riendo a carcajadas mientras espantaba a las vacas con un silbido.

—¡Vaya, vaya! —exclamó Bastián—. Las novias no pudieron resistir la tentación de rescatar a sus caballeros.

De vuelta en el campamento, con las chicas ya instaladas (porque Mía se negó a dormir en el coche "baboseado por vacas"), Bastián decidió poner a prueba a Ethan.

—Tú, el de la mirada fría —dijo Bastián, sentándose frente a Ethan junto al fuego—. Pareces el tipo de hombre que siempre tiene un plan. Pero en la naturaleza, los planes no sirven. ¿Qué harías si mañana nos despertáramos y no hay rastro de la civilización?

Ethan ni siquiera parpadeó. —Bastián, tu concepto de "naturaleza" es una construcción romántica. La civilización no es un lugar, es un sistema de deudas y favores. Si el mundo desaparece mañana, yo seguiría teniendo el control porque sé quién le debe qué a quién. Tú tienes un cuchillo, yo tengo la información de dónde están enterrados los suministros.

—¿Y si te quito el suministro? —Desafió Bastián.

—Entonces usaría la psicología inversa para que tú mismo me lo entregaras creyendo que fue tu idea —respondió Ethan con una sonrisa gélida—. Bastián, tú sobrevives al clima; yo sobrevivo a las personas. Dime, ¿realmente viajas por altruismo o porque tienes miedo de quedarte quieto en un lugar y darte cuenta de que no tienes a nadie a quien mandar?

Bastián se quedó mudo. Por primera vez en todo el viaje, el aventurero no tuvo una respuesta rápida. Miró el fuego, luego a Ethan, y finalmente asintió con respeto. —Eres un bastardo inteligente, Ferrer. Me recuerdas a un jaguar que conocí en el Amazonas: silencioso hasta que te arranca la garganta.




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