Diseñando el Desastres

El Gran Lío del Perro "Napoleón"

Para añadir más caos a la grabación, Alice, sintiéndose un poco abrumada por tanta etiqueta, decidió adoptar a un perro de un refugio local. Pero no era un perro faldero: era un Terranova de 70 kilos llamado Napoleón.

—Es... un poco grande, ¿no? —dijo Julián, mientras Napoleón intentaba lamerle la cara y, de paso, derribaba una maqueta (por suerte, de cartón).

—Es un alma sensible, como yo —dijo Alice, abrazando al gigante peludo.

El problema surgió cuando Napoleón conoció a Missiu Leguau. La gata, que se considera la reina absoluta de la mansión, no aceptó de buena gana al nuevo inquilino. La primera escena que grabó el "reality" no fue un brindis romántico, sino a Missiu Leguau cabalgando sobre el lomo de Napoleón mientras el perro corría despavorido por el jardín, arrollando la mesa del té de la abuela Juliette.

Mientras tanto, la productora trajo a un chef con tres estrellas Michelin para "asesorar" el banquete de la boda. El chef, un hombre llamado Marcel, despreció los platos tradicionales que Luna y Damián querían servir.

—¿Ternera asada? ¿Pasta fresca? ¡Eso es para campesinos! —gritó Marcel—. ¡Yo propongo aire de mar con espuma de trufa y esferificaciones de caviar!

—Escúchame bien, chef —dijo Luna, poniéndose el delantal con una mirada que asustaría a un tiburón—. En esta familia nos gusta la comida que se puede identificar sin un microscopio. Si intentas servirle "aire" a mi esposo después de un día de trabajo, el único aire que vas a ver es el que vas a sentir mientras sales volando por la ventana.

Damián observaba la escena desde la puerta, disfrutando de ver a su esposa defendiendo la cocina familiar con más pasión que si fuera un contrato multimillonario.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.