Diseñando el Desastres

El Ensayo del "Sí" Sincronizado

Oliver, con su cronómetro de precisión suiza y un silbato, reunió a todos en el pabellón de cristal. Había dibujado líneas de colores en el suelo para indicar las rutas de entrada.

—Bien, atención. Mía y Julián entran por el Flanco A (línea azul). Paz y yo por el Flanco B (línea roja) —instruyó Oliver—. Los trillizos de Leo entrarán en el minuto 4:15 portando los anillos en sus andadores motorizados.

—Oliver, son bebés, no drones de combate —suspiró Leo, que estaba sudando mientras intentaba que Mateo no se comiera el confeti.

En el momento en que comenzó la música de ensayo, ocurrió el milagro y la pesadilla: Alessandro y Sofía, que hasta ahora solo gateaban, decidieron que era el día de dar sus primeros pasos. En lugar de seguir la línea roja de Oliver, Alessandro divisó una mariposa y salió disparado hacia el lago, mientras Sofía se dirigía a toda velocidad hacia el pastel de ensayo.

—¡Abortar misión! ¡Sujeten a los anillos! —gritó Julián, mientras él y Mía corrían para interceptar a los bebés. El ensayo terminó con Oliver anotando en su libreta: "Factor humano imprevisible. Requerimos vallas de cristal de 30 cm".

Justo cuando la familia intentaba limpiar la pintura de las alfombras, apareció Bastián con un camión de transporte especial y una sonrisa de oreja a oreja.

—¡Traigo el regalo definitivo para las dos parejas! —anunció el hermano de Paz—. Algo que simboliza la fuerza, la longevidad y la resistencia de Selene Global.

Cuando abrieron el portón del camión, Damián y Luna se quedaron sin habla. No eran joyas, ni muebles, ni un viaje. Eran dos alpacas de los Andes con lazos de seda en el cuello.

—Bastián... ¿por qué hay camélidos en mi jardín frontal? —preguntó Juliette, parpadeando incrédula.

—Son alpacas de linaje real, abuela —explicó Bastián—. Se llaman "Viga" y "Columna". Son extremadamente leales, pero tienen un pequeño problema: escupen si huelen a alguien que miente. Es el detector de mentiras natural para los invitados de la boda.

El problema fue que lo primero que olieron las alpacas fue a Jean-Pierre, el director del reality, que intentaba grabar a escondidas. Una de las alpacas le lanzó un escupitajo con precisión de francotirador, arruinando su cámara de 10.000 dólares.

—Me las quedo —sentenció Paz, dándole una manzana a "Viga"—. Son el mejor equipo de seguridad que hemos tenido.




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