La mansión Ferrer olía a flores frescas y cera para muebles, pero el silencio fue roto por un sonido que Oliver Thorne nunca olvidará: un clonc metálico seguido de un bostezo húmedo.
—¿Dónde están? —preguntó Oliver, palpando frenéticamente el cojín de seda sobre la mesa del atrio—. Juro por el Código Penal que las dejé aquí hace un segundo.
Paz entró en la sala con una manzana en la mano. —Oliver, respira. Si te pones tan rojo, vas a desentonar con las peonías. ¿Qué has perdido ahora?
—¡Las alianzas, Paz! ¡Las de Mía y Julián y las nuestras! Estaban en la caja de seguridad portátil y...
En ese momento, Napoleón, el San Bernardo gigante de Alice, pasó por su lado con una parsimonia envidiable. El perro se detuvo, miró a Oliver con ojos tristes y dejó escapar un pequeño eructo que sonó sospechosamente a tintineo de oro de 18 quilates.
—No... —susurró Oliver, palideciendo—. Dime que no ha sido él.
—Bueno —dijo Paz, mirando la boca babeante de Napoleón—, técnicamente, ahora mismo él es el portador de los anillos. Muy, muy profundo.
Leo llegó al lugar en menos de treinta segundos, alertado por el sensor de ritmo cardíaco que Oliver llevaba en su reloj inteligente (y que había activado una alerta de "posible infarto").
—¿Qué pasa? ¿Vanderbilt ha vuelto? ¿Es un ataque químico? —preguntó Leo, con la mano en su comunicador.
—Es peor, Leo —dijo Oliver, señalando al perro—. Napoleón se ha tragado el matrimonio. Los cuatro anillos. La caja era de titanio ligero y parece que le supo a premio.
—¡Luka! —gritó Leo por el pasillo—. ¡Trae el escáner portátil de la oficina de seguridad!
Luka apareció con una tablet y un sensor infrarrojo. Con la seriedad de un cirujano, pasó el dispositivo sobre el estómago peludo del San Bernardo. La pantalla emitió un pitido rítmico.
—Confirmado, papá —dijo el niño—. Cuatro objetos circulares de alta densidad localizados en el intestino delgado. A este ritmo de digestión, las alianzas volverán a la luz pública en... unas 48 horas.
—¡La boda es mañana a las diez! —exclamó Oliver, entrando en pánico—. ¡Tengo que redactar un contrato de custodia de... excrementos! ¡Es una emergencia legal!
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Editado: 22.04.2026