Diseñando el Desastres

El Fantasma de Vanderbilt y el Secreto de Damián

Mientras las chicas lidiaban con los antojos bizarros (Mía quería helado de pistacho con pepinillos, y Paz quería carne cruda), una sombra volvió del pasado. Vanderbilt, desde su celda de lujo, activó una cláusula de propiedad de 1970.

—Dice que los terrenos donde se construyó la expansión de Selene Global no pertenecían a Juliette, sino a su padre —explicó Ethan, con un informe de mil páginas—. Y lo peor es que hay una firma de Damián de cuando tenía veinte años que parece confirmar una deuda de honor.

Damián se quedó en silencio frente a la chimenea. —Era un tiempo diferente, Ethan. Cometí un error por proteger a Luna antes de que regresara a Ginebra. Pensé que ese secreto moriría con el abuelo de Vanderbilt.

—En esta familia, nada muere —sentenció Juliette, ajustándose sus perlas—. Ethan, Oliver, preparen las togas. Vamos a demostrarle a ese reptil que a los Ferrer se les puede atacar, pero nunca se les puede vencer en su propio terreno.

El tribunal de Ginebra estaba a reventar. La prensa internacional esperaba la caída de Selene Global. Vanderbilt apareció con una sonrisa de victoria, flanqueado por un ejército de abogados.

—El Sr. Ferrer firmó este documento —declaró Vanderbilt—. La tierra es mía.

Oliver, que estaba en su elemento, se puso de pie. —Señoría, el documento es auténtico, pero la ley de propiedad suiza de 1982, bajo la cual se registró la firma, tiene una excepción por "coacción emocional".

Ethan complementó con una mirada gélida: —Y además, hemos descubierto que el abuelo de Vanderbilt obtuvo esa firma mediante un chantaje que involucraba información falsa sobre la salud de mi madre, Luna. En términos legales: el contrato es nulo de nulidad absoluta por fraude moral.

En medio del juicio, Missiu Leguau, que se había colado en el maletín de Oliver, saltó sobre el estrado del juez y empezó a jugar con el mazo de madera. El juez, lejos de enojarse, acarició a la gata siamesa.

—Si la gata está de acuerdo —rio el juez—, yo también. Caso cerrado. El Sr. Vanderbilt regresará a su celda con un nuevo cargo por perjurio.




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