Diseñando el Desastres

El Brindis por el Futuro

De vuelta en la mansión, la familia celebró la victoria. Julián abrazaba a Mía, cuyo vientre ya era evidente. Oliver intentaba calmar a Paz, que quería ir a la cárcel a "darle un recado personal" a Vanderbilt.

—Hemos sobrevivido a bodas, selvas, juicios y alpacas —dijo Damián, levantando su copa—. Y ahora, nos preparamos para lo más difícil: la próxima generación de Ferrer.

Luka se acercó con su tablet. —Abuelo, ya tengo el diseño del primer cochecito de bebé autónomo con GPS y escudo térmico. ¿Lo patento?

—Paténtalo, hijo —rio Leo—. Lo vamos a necesitar.

En la suite privada de la mansión, el doctor acababa de confirmar las sospechas mediante la ecografía de alta definición de Selene Global.

—Felicidades, Julián, Mía... van a tener una niña —anunció el médico.

Mía estalló en lágrimas de felicidad, pero Julián se quedó petrificado, con la boca abierta y la piel del color del estuco blanco. En su mente, como una película de terror, empezaron a desfilar todas las modelos, actrices y herederas a las que les había roto el corazón con su sonrisa pícara y sus promesas de "diseñarles un futuro juntos".

—¿Una niña? —susurró Julián, dejándose caer en un sillón—. Una versión de Mía... pero con mi ADN. ¡Va a haber una horda de tipos como yo acechando mi casa en veinte años! ¡Sé exactamente lo que piensan! ¡Sé cómo mienten! ¡Sé lo que planean en los asientos traseros de los coches deportivos!

—Julián, respira —rio Mía, acariciando su vientre—. Será hermosa.

—¡Ese es el problema! —gritó Julián—. ¡Va a ser tan guapa que voy a tener que rodear la mansión con un foso de cocodrilos y contratar a Leo para que ponga francotiradores en cada torre!

Minutos después, en la habitación de al lado, Paz y Oliver recibían su propia noticia.

—Es un varón —dijo el doctor.

Oliver se ajustó la corbata con orgullo. —Un Thorne. Un hombre de leyes, con estructura, lógica y un respeto absoluto por la propiedad privada.

Paz sonrió con malicia. —O un mini-mercenario con tus cejas y mi puntería, Oliver. Prepárate para las multas por exceso de velocidad en triciclo.

Cuando ambas parejas se reunieron en el gran salón para dar la noticia, la familia Ferrer no tardó ni cinco segundos en lanzar la bomba atómica social.

—¡Perfecto! —exclamó la abuela Juliette, alzando su copa—. Una niña Sterling y un niño Thorne. No tienen sangre común, son hijos de mejores amigos... ¡Es el matrimonio concertado más perfecto de la historia de Selene Global!




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