Diseñando el Desastres

El Campamento de Entrenamiento de Leo

Al día siguiente, Leo decidió que Julián y Oliver eran "demasiado blandos" para la paternidad que se les avecinaba. Los llevó al gimnasio privado de la mansión, que ahora estaba lleno de obstáculos de espuma y muñecos que simulaban bebés de 5 kilos.

—¡Bienvenidos al curso de Paternidad Táctica (PT)! —gritó Leo con un silbato—. Julián, tienes a una niña en brazos (un muñeco), hay un incendio en el estudio y Missiu Leguau ha decidido atacarte los tobillos. ¡Muévete!

—¡Pero Leo, yo solo quiero saber cómo se pone un pañal! —protestó Julián mientras esquivaba un balón medicinal que simulaba un juguete volador.

—¡Cambio de pañal con los ojos vendados! —ordenó Leo—. ¡Oliver, el muñeco tiene un cólico legal! ¡Redacta una cláusula de calma mientras le sacas los gases!

La sesión terminó con Oliver enredado en una manta de bebé y Julián llorando en un rincón porque "la niña de plástico" se le había resbalado tres veces. Luka grababa todo con su tablet. —Esto irá directo al archivo de chantaje para cuando mis primos crezcan —susurró el niño.

Mientras los hombres sufrían, la abuela Juliette llamó a Mía y a Paz a su solárium privado. Sacó un cofre de madera antigua con el sello de los Ferrer y un escudo que Paz reconoció de inmediato: el de los Thorne.

—Hijas, hay algo que deben saber —dijo la matriarca con una sonrisa enigmática—. Hace sesenta años, el abuelo de Oliver y yo tuvimos un romance secreto. No pudimos estar juntos por las guerras de las empresas en aquel entonces, pero hicimos una promesa.

—No me digas que... —susurró Mía, abriendo los ojos como platos.

—Sí —continuó Juliette—. Firmamos un pacto: si alguna vez nuestras líneas de sangre se cruzaban en una amistad tan fuerte como la de ustedes, y nacían un niño y una niña que no compartieran sangre directa... sus destinos estarían unidos. Es la "Profecía de Selene". Estos bebés son el puente que unirá nuestras dinastías para siempre.

—¡Si Julián se entera de que esto estaba planeado desde 1966, le da un infarto! —exclamó Paz riendo.




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