Diseñando el Desastres

La Guerra de las Cunas y el Karma de Julián

La noticia del "pacto de la abuela" se filtró (probablemente gracias a Missiu Leguau, que lo escuchó todo). Cuando Julián se enteró, entró en una fase de negación absoluta.

—¡Es una conspiración! —gritaba Julián mientras instalaba cámaras de seguridad en la futura habitación de su hija—. ¡Mi pequeña no va a ser parte de un pacto de hace sesenta años! ¡No dejaré que ese mini-Oliver Thorne use sus trucos legales con mi princesa!

Julián empezó a diseñar la guardería más tecnológica del mundo: paredes con blindaje estético, reconocimiento de voz para filtrar "niños con apellido Thorne" y un sistema de purificación de aire que eliminaba cualquier rastro de "aroma a abogado".

Sin embargo, el karma es juguetón. Durante el montaje de la cuna, Julián se pilló el dedo y, por primera vez en su vida, se quedó sin palabras. Oliver se acercó con un botiquín de primeros auxilios y una sonrisa condescendiente.

—Tranquilo, consuegro —dijo Oliver con malicia—. Mi hijo será un caballero. Le enseñaré a pedirle permiso a tu software de seguridad antes de invitar a tu hija a su primer juicio de juguete.

Julián miró a la panza de Mía y suspiró. —Mía, por favor... que nuestra hija saque tu carácter. Porque si saca el mío, y el hijo de Oliver es tan insistente como él... ¡Selene Global va a colapsar antes del primer cumpleaños!

Como Mía y Paz ya no cabían en su ropa habitual, Julián decidió que él mismo diseñaría una línea de ropa de maternidad para ellas. Pero, fiel a su estilo excéntrico, no era ropa normal.

—¡Es seda con hilos de fibra de carbono! —explicaba Julián, moviendo las manos con entusiasmo—. Mía, tú necesitas libertad para pintar, así que tu vestido tiene bolsillos autolimpiables para los pinceles. Y para Paz... bueno, he diseñado un cinturón ergonómico para que pueda llevar su tablet y, no sé, tal vez una pistola táser por si algún paparazzi se acerca demasiado.

—Julián —dijo Paz, mirándose al espejo con un vestido que parecía un cruce entre una gala de los Oscar y un traje de astronauta—, parezco una carpa de lujo con GPS. ¿Realmente necesito sensores de proximidad en el dobladillo?

—¡Es por la niña! —exclamó Julián—. No quiero que nadie tropiece contigo y altere su paz interior.




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