Julián, convencido de que el paladar de su hija debía entrenarse antes del nacimiento, convenció al Chef Marcel (aquel que Luna casi echa de la cocina) para darles un curso de "Alta Cocina Infantil".
—Nada de potitos de farmacia —sentenció Julián, poniéndose un delantal de seda—. Mi princesa solo consumirá emulsiones de guisantes con aire de jamón ibérico.
Oliver se unió al curso, pero por razones pragmáticas: —Si el puré tiene la densidad correcta, es menos probable que lo use como proyectil contra mis corbatas de seda.
El desastre ocurrió cuando intentaron usar la licuadora industrial para procesar una mezcla de brócoli orgánico y trufa blanca. Julián olvidó poner la tapa "porque bloqueaba su visión creativa", y en un segundo, la cocina de Selene Global quedó pintada de un verde radioactivo.
Napoleón, el San Bernardo, entró atraído por el olor y empezó a lamer el puré de la cara de Oliver. —Bueno —dijo Luna, entrando en la cocina y viendo el desastre—, al menos sabemos que al perro le gusta la cocina de autor.
Mientras los hombres se limpiaban el brócoli de las orejas, Luka hizo un descubrimiento en la biblioteca secreta: un pequeño cuaderno de cuero con el escudo de los Ferrer y una nota que decía: "Manual de Supervivencia para las Mujeres que dominarán Selene Global".
—¡Es el diario de la abuela! —susurró Mía cuando Luka se lo mostró a ella y a Paz en el jardín—. Aquí deben estar todos los secretos de cómo manejó a los hombres de esta familia durante cincuenta años.
—¡Tenemos que leerlo! —dijo Paz—. Si voy a criar a un mini-Oliver, necesito saber cómo doblegar esa voluntad de hierro.
Sin embargo, los hombres sospecharon algo. Leo, usando sus cámaras de seguridad, vio a las chicas cuchicheando sobre el cuaderno. —Están planeando algo —les dijo Leo a Julián y Oliver—. Algo que involucra un libro antiguo y muchas risas a nuestra costa.
Se organizó una "operación de comando" nocturna. Julián, Oliver y Leo intentaron entrar en la habitación de Mía mientras ella dormía para recuperar el diario. Pero no contaban con la seguridad felina. Missiu Leguau estaba montando guardia sobre el cuaderno. En cuanto Julián estiró la mano, la siamesa lanzó un bufido que despertó a media mansión.
Al verse descubiertos, la abuela Juliette apareció en el pasillo con su bata de seda, luciendo más majestuosa que nunca.
—¿Buscaban esto, caballeros? —preguntó, sosteniendo el diario.
—Abuela, es un documento privado de la familia, ¡podría contener secretos industriales! —Intentó justificar Oliver.
Juliette rió y abrió el libro en una página al azar. Leyó en voz alta: "Regla número 12: Si un hombre Ferrer o amigos de ellos, se pone demasiado testarudo con los planos o las leyes, simplemente dile que tiene razón y luego haz exactamente lo que tenías pensado. Estará tan ocupado celebrando su 'victoria' que no notará el cambio hasta diez años después".
Julián se quedó boquiabierto. Miró a Mía, quien le guiñó un ojo. —¿Esa técnica de la cuna del mes pasado...? —preguntó Julián, sospechando. —Exactamente, cariño —respondió Mía con dulzura.
Leo suspiró, dándose cuenta de que ni con toda su tecnología de seguridad podría vencer la sabiduría ancestral de las mujeres de su familia.
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Editado: 22.04.2026