Eran las tres de la mañana cuando el hambre voraz de las futuras madres dictó sentencia. Mía exigía un Pad Thai con el nivel máximo de chili tailandés, mientras Paz soñaba con unos chiles en nogada bañados en salsa de habanero.
—Mi hija tiene sangre de artista, necesita intensidad —declaró Julián, mientras intentaba cocinar él mismo para demostrar que era "el hombre total". —Mi hijo necesita fuego en las venas para ganar juicios —replicó Oliver, retándolo con la mirada sobre un frasco de salsa mexicana.
En un arrebato de competitividad masculina, Julián y Oliver decidieron hacer una competencia de cata de salsas antes de llevarles la comida a sus esposas. El objetivo: demostrar quién era más "macho" frente al picante.
—Este es el "Habanero de la Muerte" —dijo Oliver, tomando una cucharada. —Y este es el "Dragón Tailandés" —respondió Julián, tragando sin parpadear.
Dos minutos después, los dos estaban tirados en el suelo de la cocina, intentando beber leche directamente del cartón, con la cara roja como tomates y lágrimas corriendo por sus mejillas. Mía y Paz bajaron a la cocina, los miraron con desprecio y simplemente pidieron una pizza por una app.
—Vámonos, Mía —dijo Paz—. Estos dos no sirven ni para comprar salsa suave.
Mía decidió que el mundo necesitaba ver la belleza de su embarazo a través de una sesión de fotos vanguardista en el pabellón de cristal. El tema: "Naturaleza Salvaje y Futuro".
Julián se autonominó director artístico, pero cometió el error de dejar que Bastián se encargara de la utilería. En lugar de flores, Bastián trajo a sus alpacas, a las que les había puesto tutús de ballet y pequeñas tiaras.
—¡Es arte, Julián! ¡Es el contraste entre lo rústico y lo divino! —gritaba Mía, posando con un vestido de gasa transparente mientras una alpaca intentaba morderle el ramo.
Paz se negaba a participar hasta que vio que Oliver tenía que posar vestido de estatua griega de mármol, cubierto de polvo blanco. Ella, vestida de "guerrera amazona", no pudo aguantar la risa. La sesión terminó en desastre cuando Napoleón, el San Bernardo, vio a las alpacas y decidió que quería jugar. El perro derribó los focos de iluminación, el ventilador de efectos especiales se encendió solo y el polvo blanco de Oliver voló por todo el pabellón, dejando a todos pareciendo fantasmas de alta costura.
—Esa foto de Oliver pareciendo un donut espolvoreado va directo a la portada de la felicitación navideña —rio Leo desde la barrera.
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Editado: 22.04.2026