Tras el susto del picante y el desastre de las fotos, Julián tuvo una pesadilla vívida: su hija, ya adolescente, escapándose por la ventana para ir a una cita con un chico que hablaba de leyes y llevaba corbata (el hijo de Oliver).
Despertó sudando frío y bajó al estudio de arquitectura. —¡Tengo que protegerla! —exclamó.
Pasó tres días diseñando "La Fortaleza Sterling", una casa de juegos para la niña que parecía el Pentágono. Tenía:
Oliver entró al estudio y vio el plano. —Julián, esto es ilegal. Estás privando de libertad a un menor antes de que nazca. Además, mi hijo será un experto en encontrar vacíos legales en tu seguridad.
—¡Sobre mi cadáver, Thorne! —rugió Julián—. ¡Esa casa de juegos estará conectada al satélite de Luka!
Missiu Leguau, la gata siamesa, caminó sobre el plano de Julián y, con una precisión quirúrgica, tiró su café sobre el diseño de la puerta principal.
—Hasta la gata sabe que es una tontería —dijo Damián, entrando con Luna—. Julián, relájate. Lo único que vas a lograr es que tu hija quiera escaparse antes.
Para calmar la "Guerra Fría" entre los futuros padres, Luna obligó a todos a sentarse en la terraza a comer helado.
—Escuchen bien —dijo Luna con autoridad—. No habrá fortalezas, ni juicios preventivos, ni entrenamientos militares para bebés. Estos niños van a ser Ferrer, y eso significa que el caos es parte de su ADN.
Luna miró a los cuatro y rectificó de inmediato al ver la cara de "objeción" de Oliver:
—Me corrijo. Estos niños van a ser la nueva era de esta casa. Algunos serán Ferrer-Sterling y otros serán Thorne, pero todos compartirán este ADN de locura que hemos construido. En esta mansión no importa el apellido, importa que el caos es nuestra lengua materna.
Oliver asintió, más tranquilo. —Exacto. Mi hijo será un Thorne. Un pilar de la ley en medio de este... —miró a Julián— "pintoresco" entorno artístico.
Julián miró a Oliver. —Está bien. Haré una tregua. Pero si tu hijo le pide un lápiz prestado a mi hija en preescolar, lo consideraré una declaración de intenciones.
—Acepto —dijo Oliver, estrechándole la mano—. Siempre y cuando ella no intente pintar su examen de derecho con acuarelas.
En ese momento, las dos panzas se movieron al unísono. Mía y Paz se miraron sorprendidas. Los bebés estaban pateando al mismo tiempo, como si estuvieran dándose la razón desde el útero.
—¿Ves? —dijo Mía—. Ya se están comunicando. ¡Y parece que están de acuerdo en que sus padres son unos idiotas!
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Editado: 22.04.2026