Diseñando el Desastres

El Tercer Trimestre (Levitación y Contratos de Carga)

La calma duró poco. A la mañana siguiente, la realidad del octavo mes golpeó con fuerza. Mía se despertó sintiéndose "como un edificio de diez plantas sin ascensor" y Paz no podía ni verse los pies.

Julián, en un ataque de ingenio post-romántico, intentó diseñar un sistema de "levitación magnética". —¡Mía, amor! He adaptado los imanes de la maqueta del museo de Dubái para tus zapatos. ¡Si logramos la polaridad correcta, caminarás sobre el aire y tus tobillos no sufrirán! —explicaba Julián mientras intentaba pegar imanes de neodimio a unas pantuflas de seda.

Oliver, por su parte, apareció con un documento oficial titulado: "Anexo de Cesión de Desplazamiento Terrestre". —Paz, he calculado que tus articulaciones están bajo un estrés del 40% adicional. He redactado este contrato donde me comprometo a ser tu medio de transporte oficial 24/7. Solo tienes que dar dos toques en esta campana de plata y te llevaré en brazos a donde necesites, sin preguntas y con seguro médico incluido.

—¿Me estás diciendo que voy a ser cargada por un abogado de traje todo el día? —preguntó Paz, arqueando una ceja—. Trato hecho, Thorne. Prepárate para las agujetas.

La cena familiar fue el escenario del conflicto final. Julián llegó con una lista escrita en papel de arroz: —Mi hija se llamará Artemisa Palladio. Fuerza y arquitectura en un solo nombre. O quizás Zaha, por Hadid.

Oliver golpeó la mesa suavemente con su cuchara. —Inaceptable. Mi hijo llevará el nombre de la justicia: Justiniano o Truman. Nombres que imponen respeto en cualquier sala de vistas.

—¡Oliver, por Dios! —exclamó Paz—. No voy a llamar a mi hijo como un emperador bizantino. Se llamará Bastian, como su tío, o algo que suene a aventura.

—¿Y por qué no Juliette? —propuso la abuela desde la cabecera, con una sonrisa de victoria—. Es un nombre clásico, poderoso y, casualmente, es el mío.

La discusión escaló hasta que Missiu Leguau saltó sobre la lista de Julián y empezó a lamer el nombre de "Artemisa", mientras Napoleón ponía su pata gigante sobre el nombre de "Bastian".

A mitad de la noche, las alarmas de la mansión se activaron. No era Bastián, ni Vanderbilt. Era Leo, que había decidido que la familia no estaba preparada para el momento del parto.

—¡Simulacro de Nivel Rojo! —gritaba Leo por los altavoces—. ¡Mía y Paz están en labor de parto simultánea! ¡Julián, Oliver, tienen 60 segundos para llegar al helipuerto!

Julián salió corriendo en pijama, tropezando con sus propios imanes de levitación magnética y terminando pegado a la nevera. Oliver, en un estado de trance legal, intentaba meter todos los pañales en un maletín de cuero pensando que eran documentos importantes.

En la confusión, Julián vio un helicóptero con las aspas girando y se subió de un salto. —¡Rápido, al hospital de Ginebra! —le gritó al piloto. —Señor Sterling... —dijo el piloto confundido—. Este es el helicóptero de mantenimiento de las antenas de radio. Vamos hacia la cima del Mont Blanc.

Mientras tanto, Mía y Paz miraban desde la ventana del salón, comiendo helado tranquilamente. —¿Crees que deberíamos avisarles de que estamos perfectamente? —preguntó Mía. —Nah —respondió Paz—. Deja que Julián disfrute de las vistas del Mont Blanc. Les vendrá bien el aire fresco para los nervios.




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