Diseñando el Desastres

El Spa del Desastre (Día de la Madre Pre-Parto)

Para compensar el "entrenamiento" de Leo, los chicos decidieron organizar un día de relajación absoluta. Julián rediseñó el sistema de tuberías del sótano para crear una "Cueva de Vapor Sensorial", y Oliver compró aceites esenciales con certificación notarial.

—Mía, Paz, relájense —dijo Julián, cerrando la puerta del spa—. El sistema está automatizado.

Pero Julián, en su afán de vanguardismo, instaló demasiada presión en los difusores de esencia de eucalipto. De repente, una válvula estalló. El sótano empezó a llenarse de agua a una velocidad alarmante, y el sistema de seguridad —bloqueado por un error de Julián— dejó a las chicas encerradas dentro.

—¡Julián! ¡Hay agua por los tobillos y Missiu Leguau se ha subido a mi cabeza para no mojarse! —gritó Paz desde el otro lado del cristal.

Leo llegó al lugar con una calma sospechosa, comiendo una manzana. —Vaya, Julián. Parece que tu "Cueva de Vapor" se ha convertido en el "Hundimiento del Titanic". ¿Qué vas a hacer? ¿Llamar a los guardacostas o abrir la puerta manualmente?

Tras diez minutos de pánico y llaves inglesas volando, lograron sacar a las chicas, que salieron empapadas, con el pelo encrespado y la gata de muy mal humor. Valeria se acercó a Leo y le susurró: —Tú sabías que esa válvula iba a fallar, ¿verdad? —Solo quería ver si Julián recordaba dónde estaba la salida de emergencia —rio Leo—. No me decepcionó. Es un desastre con estilo.

Leo decidió que el simulacro de hoy sería un "clásico del suspenso". Saboteó el ascensor principal de la mansión justo cuando las dos parejas subían al estudio. Con un crujido metálico dramático (efecto de sonido cortesía de Luka), la cabina se detuvo en seco.

—¡Atrapados! —gritó Julián, pegándose a la pared—. ¡Mía, no respires demasiado fuerte! ¡Estamos consumiendo el oxígeno de la niña! ¡Oliver, haz algo legal!

Oliver, manteniendo la calma pero con un sudor frío recorriéndole la nuca, sacó un lápiz labial del bolso de Paz. —Si vamos a morir aquí, tengo que dejar constancia de la distribución de mis activos —dijo Oliver, empezando a escribir un testamento de emergencia en el espejo del ascensor—. "Artículo 1: Mi colección de plumas estilográficas pasa a mi hijo, siempre que apruebe el examen de derecho comercial..."

Paz le arrebató el labial. —¡Oliver, deja de escribir en el cristal y ayúdame a sentarme! Julián, por su parte, intentaba trepar por la trampilla del techo. —¡Como arquitecto, declaro que esta estructura es un ataúd de diseño! ¡Mía, te amo! ¡Dile a nuestra hija que su padre murió intentando conquistar el espacio vertical!

Desde la sala de control, Leo y Valeria comían palomitas. —Mira a Julián —rio Leo—, cree que está en una película de acción. Voy a dejarles ahí otros diez minutos para que Oliver termine el Artículo 4.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.