Diseñando el Desastres

El Primer Paseo (Fórmula 1 vs. Blindaje)

Para el primer paseo oficial por los jardines de la mansión, la competencia de ingeniería alcanzó niveles absurdos.

Julián presentó el "Sterling-Sprint": un cochecito de fibra de carbono, neumáticos de perfil bajo y un sistema de altavoces que reproducía música de Mozart a 120 decibelios. Oliver apareció con el "Thorne-Guardian": un cochecito con chasis reforzado, cristales laminados y un GPS conectado directamente a la central de seguridad de la mansión.

—¡Carrera hasta la fuente! —gritó Julián.

El paseo terminó en una competencia de velocidad. Julián derrapaba en las curvas de grava mientras Oliver mantenía una trayectoria defensiva impecable. Napoleón corría tras ellos, ladrando de alegría y levantando nubes de polvo.

Al final del jardín, Ethan y Alice estaban sentados en un banco, alejados del ruido. —Tu cuñado y mi primo son... intensos —comentó Alice, riendo—. ¿Tú también eres así? —Yo soy el que limpia los desastres legales que ellos dejan —suspiró Ethan—. Mi vida son párrafos y leyes. Pero hoy, viéndote pintar... creo que me falta algo de color en mi código civil.

Alice le puso una pequeña mancha de pintura azul en la punta de la nariz. —Ya tienes un poco, Ethan. No dejes que se seque.

Leo, que observaba la escena desde su despacho con unos prismáticos, se giró hacia Valeria. —Val, el próximo "simulacro" no va a ser sobre bebés. Va a ser sobre cómo evitar que Ethan firme un contrato de matrimonio antes de fin de año.

Julián y Oliver convencieron a Ethan de que cuidar a los bebés una noche sería "un ejercicio excelente para su pensamiento lógico". Una hora después, el abogado más brillante de Ginebra estaba rodeado de biberones vacíos, llantos en estéreo y una crisis de pañales que ningún código legal podía resolver.

Desesperado y con la corbata por los suelos, Ethan hizo lo único que su corazón le dictó: llamar a la única persona que le había devuelto la sonrisa desde el día que la conoció. Alice llegó a la mansión con su mochila de artista y esa risa suave que hacía que las pecas de su nariz bailaran.

—Vaya, el gran abogado Ferrer derrotado por dos ciudadanos de menos de 60 centímetros —rio Alice, tomando a la pequeña Artemisa con una naturalidad asombrosa. —Tienen un sistema de protesta muy poco democrático, Alice —balbuceó Ethan, mirándola fascinado—. Gracias por venir. Desde el día de la fiesta de Oliver... bueno, no he dejado de pensar en que te debía una disculpa por ser tan rígido aquel día.

Alice lo miró con timidez mientras calmaba al pequeño Leo Justiniano. —No te disculpes, Ethan. Me gusta ver qué hay debajo de esa armadura de leyes, sonrojándose.




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