Julián organizó una gala en el museo para celebrar la nueva fase de Selene Global. Alice fue invitada a exponer una pieza. Cuando se descorrió la cortina, la familia se quedó muda. No era un paisaje, era un retrato satírico titulado "El Peso de la Corona".
En el cuadro, Julián aparecía midiendo el mundo con una regla de oro, Oliver redactando un contrato para las nubes y los bebés vestidos como pequeños emperadores. Julián estaba indignado. —¡Esto es un ultraje estético! ¡Mi nariz no es tan puntiaguda! —gritaba.
Oliver ya estaba sacando su teléfono. —Esto es difamación visual. Ethan, prepárame los papeles para una orden de retirada.
Ethan miró el cuadro y luego miró a Alice, que esperaba su reacción con las manos manchadas de pintura y una mirada tímida y sus mejillas rojas de vergüenza. —No habrá demanda —sentenció Ethan con firmeza—. Como abogado jefe, declaro que es una obra de crítica social protegida. Y personalmente... creo que es lo más honesto que se ha pintado en esta familia en décadas.
Alice le dedicó una sonrisa tan dulce que Ethan sintió que sus leyes de propiedad intelectual se derretían por completo.
Mientras la tensión entre Ethan y Alice crecía, Oliver descubrió algo en los archivos familiares. Resulta que su "dulce" prima no siempre fue tan tranquila. En sus años en Florencia, Alice había liderado un movimiento de artistas callejeros que pintaban murales de protesta en edificios gubernamentales, y había una orden de "comparecencia" pendiente en Italia por un grafiti en un muro histórico.
—¡Ethan! ¡Esto es un desastre! —gritó Oliver, entrando en su despacho—. Mi prima es una fugitiva del arte urbano. Si esto sale a la luz, la reputación de los Thorne y los Ferrer se hundirá.
Ethan tomó el expediente y vio una foto de Alice, más joven, con el pelo revuelto y una lata de spray en la mano, sonriendo a la cámara tras pintar una flor gigante en un juzgado. —No es una fugitiva, Oliver. Es una visionaria —dijo Ethan, guardando el archivo en su cajón personal—. Yo me encargaré de esto. Usaré todos mis contactos en Italia para que esa "orden" desaparezca.
—¿Por qué lo harías, Ethan? —preguntó Oliver, sospechando algo. —Porque a veces —respondió Ethan, mirando por la ventana hacia el jardín donde Alice jugaba con los bebés—, la ley necesita un poco de color. Y yo no voy a dejar que nadie apague el suyo.
#110 en Novela contemporánea
#47 en Otros
#31 en Humor
novela romántica, comedia romance, comedia humor enredos aventuras romance
Editado: 22.04.2026