Otra noche en que Ethan se quedó a cargo de los bebés fue un desastre logístico hasta que llegó Alice. Ella no entró dando órdenes; entró casi pidiendo perdón, con su cuaderno de bocetos bajo el brazo y sus mejillas encendidas.
—H-hola, Ethan... Oliver me dijo que quizás necesitabas ayuda —susurró ella, sin levantar mucho la vista.
Los bebés, que habían estado gritando a pleno pulmón, se quedaron callados cuando Alice se sentó en la alfombra y empezó a tararear una melodía mientras sacaba unos dibujos de animalitos que ella misma había pintado. Ethan, que estaba sudando tras intentar descifrar el manual de una papilla orgánica, se quedó hipnotizado.
—Tienen mucha suerte de tenerte cerca —dijo Ethan, sentándose a su lado con cuidado de no asustarla—. Yo solo sé leerles cláusulas de contratos para que se duerman por aburrimiento.
Alice rió bajito, ocultando media cara tras su cuaderno. —Los niños no necesitan leyes, Ethan... necesitan historias. Mira, este es el conejo que no sabía saltar.
Ethan se dio cuenta de que, por primera vez, no quería estar en una oficina, sino allí, en el suelo, viendo cómo una chica tímida con pecas convertía el caos en magia.
Julián, en su afán de protagonismo, incluyó una sección de "Nuevos Talentos" en otra de las galas de Selene Global y obligó a Alice a exponer sus ilustraciones. Ella estaba en un rincón, intentando pasar desapercibida tras una columna, mientras los críticos miraban sus dibujos de cuentos infantiles con cierto aire de superioridad.
—Es un poco... infantil para una gala de este nivel, ¿no creen? —comentó un inversor, ajustándose el monóculo.
Ethan, que estaba cerca, sintió una rabia que nunca había sentido en un juicio. Se acercó a Alice, que estaba a punto de huir del salón, y le tomó suavemente la mano.
—No te vayas —le pidió Ethan. Luego, se giró hacia el grupo de críticos con su voz más imponente de abogado. —Lo que ustedes llaman "infantil", yo lo llamo pureza. En un mundo lleno de edificios de cristal y contratos fríos, estas ilustraciones son lo único que tiene alma en esta sala. Si alguien no es capaz de ver el talento de la señorita Thorne, es que no tiene capacidad para invertir en el futuro.
Alice lo miró con los ojos muy abiertos, su timidez luchando con una sonrisa agradecida. Ethan no la soltó en toda la noche, actuando como su escudo humano contra el mundo exterior.
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Editado: 22.04.2026