El "pasado rebelde" de Alice resultó ser mucho más tierno de lo que Oliver imaginaba. Ethan descubrió que el problema en Florencia no fue un grafiti vandálico, sino que Alice había pintado un mural de hadas y duendes en la pared de un orfanato antiguo que era un edificio protegido.
—Me... me dijeron que era ilegal porque la piedra era histórica —le confesó Alice a Ethan mientras caminaban por el jardín—. Pero los niños no tenían ventanas hacia nada bonito, solo veían muros grises.
Ethan sintió que algo se rompía dentro de su pecho. —Alice, has hecho más por la justicia social con un pincel que yo con mil recursos de apelación.
Oliver llegó con el expediente, dispuesto a dar un sermón sobre la "reputación de los Thorne", pero Ethan se lo arrebató de las manos. —Oliver, olvida el expediente. Tu prima no es una criminal, es la persona más valiente de esta familia. Y si el gobierno italiano quiere una indemnización por esas hadas, diles que el bufete Ferrer se hará cargo... y que además exigiremos que el mural sea declarado Patrimonio de la Humanidad.
Alice se puso roja como un tomate, pero por primera vez, se acercó a Ethan y le dio un beso rápido en la mejilla antes de salir corriendo hacia la guardería. Ethan se quedó allí, tocándose la cara, con Oliver mirándolo como si hubiera visto un fantasma.
Para el primer cumpleaños de Artemisa y Bastian Justiniano, Julián quería un parque de diversiones, pero Alice convenció a todos de que los bebés serían más felices con algo simple. Diseñó un complejo "Reino de Cartón" con cajas de los suministros de Selene Global.
Ethan, queriendo pasar tiempo con ella, se ofreció a ayudar con el montaje. El problema fue que, al intentar asegurar una "torre" con cinta americana, la estructura cedió y ambos quedaron atrapados en el interior de una caja de refrigerador de tamaño industrial.
—L-lo siento, Ethan... soy muy torpe —susurró Alice en la penumbra de la caja, su hombro rozando el del abogado. Sus pecas eran apenas visibles por los agujeros que servían de "ventanas". —No te disculpes —respondió Ethan, cuya voz sonaba extrañamente cálida—. Aquí dentro no hay leyes, ni contratos, ni ruido. Es el lugar más tranquilo en el que he estado en años.
Pasaron dos horas hablando de sueños y miedos antes de que Leo los encontrara. Ethan no quería salir de esa caja; por primera vez, el "castillo" de Alice era más real que su oficina.
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Editado: 22.04.2026