Diseñando el Desastres

El Picnic Bajo la Lluvia

Inspirado por la valentía de Mía, Ethan decidió que ya era hora de dejar de esconderse tras sus expedientes. Invitó a Alice a una cena, pero cuando el coche de lujo se averió camino al restaurante, terminaron refugiados bajo un gazebo en los jardines de la mansión, compartiendo una cesta de picnic improvisada mientras una tormenta de verano arreciaba.

—Mía siempre dice que la lluvia limpia la perspectiva —dijo Ethan, quitándose la chaqueta para cubrir los hombros de Alice—. Alice... yo paso mis días buscando errores en los contratos de los demás, pero contigo... contigo siento que por fin he encontrado la cláusula que le da sentido a todo mi código.

Alice, con el cabello húmedo y las pecas brillando bajo la luz de los relámpagos, se acercó un poco más. —Yo paso mis días pintando mundos imaginarios, Ethan... porque el mundo real me asustaba un poco. Pero cuando estás cerca, el mundo real me parece el lugar más bonito para quedarse.

Ethan no esperó a que ella terminara de hablar. Se inclinó y la besó, un beso que sabía a lluvia y a la timidez que por fin se rompía.

Hartas de que Julián y Oliver interrumpieran sus reuniones creativas con debates sobre qué pañal era más aerodinámico, Mía y Paz tomaron una decisión ejecutiva.

—Se van de retiro. Solo hombres, los bebés y la naturaleza —sentenció Paz, entregándole a Oliver una mochila que pesaba veinte kilos—. Es un curso de vinculación afectiva en una cabaña privada de los Alpes. Sin servicio doméstico, sin Rosa y, sobre todo, sin Wi-Fi.

Julián miró su coche deportivo con tristeza. —¿Insinúas que debo cambiar un pañal sin poder consultar un tutorial en YouTube en 4K? ¡Esto es una sentencia de muerte estética!

—Es una oportunidad para que seas el padre que dices ser, Julián —dijo Mía, dándole un beso de despedida—. Nosotras tenemos un imperio que dirigir.

Mientras el helicóptero de Selene Global los dejaba en medio de un valle remoto, Julián y Oliver se miraron con pánico. Llevaban cochecitos todoterreno, cunas portátiles de titanio y suficiente leche de fórmula para un ejército, pero en menos de dos horas, se perdieron buscando la cabaña porque Oliver insistía en usar una brújula analógica para "sentirse más varonil".




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