Diseñando el Desastres

El Secreto de la Cámara Acorazada de Juliette

Con la mansión en silencio (y libre de hombres histéricos), la abuela Juliette llamó a Mía y a Paz a su biblioteca privada. Caminó hacia una estantería y, al tirar de un libro de arquitectura clásica, una pared se deslizó revelando una pequeña caja fuerte de hierro forjado.

—Mía, querida... Paz... —dijo la matriarca con solemnidad—. Selene Global no se construyó solo con planos y cemento. Se construyó con la visión de mujeres que supieron esperar su momento.

Juliette sacó un pergamino antiguo y un juego de llaves de plata. —Existe una reserva de capital y terrenos en la costa de Mónaco que mi difunto esposo dejó bajo llave. Solo puede ser desbloqueada si la arquitecta jefa y la directora de estrategia de la familia, porque tú, Paz, eres junto con Oliver considerados de la familia, tiene que presentar un proyecto que no tenga la firma de ningún hombre. Ni de Leo, ni de Julián, ni de Oliver.

Mía sintió un escalofrío. —Es el proyecto "Selene Madre". —Exactamente —confirmó Juliette—. Si logran que ese complejo se construya bajo su total control, la fortuna personal de la rama femenina de los Ferrer se duplicará. Es su prueba de fuego.

Mientras Mía y Paz trazaban planos revolucionarios en la mesa del comedor, la situación en la montaña era catastrófica. Julián había intentado calentar un biberón usando una técnica de "fricción de piedras" que vio en un documental, casi quemando su chaqueta de diseñador en el proceso.

—¡Oliver! ¡El pequeño Bastian Justiniano se ha comido una piña! —gritaba Julián mientras intentaba que Artemisa no gateara hacia un arroyo—. ¡Y mi hija ha decidido que el barro es su nuevo color de sombra de ojos!

Oliver, que intentaba montar una tienda de campaña de alta tecnología que resultó ser un rompecabezas imposible, se sentó en un tronco, derrotado. —Sterling... no puedo más. He redactado una demanda por abandono contra mi propia esposa en mi cabeza. ¡Esto es el caos absoluto!

Finalmente, Julián activó la bengala de emergencia que Leo les había dado "por si acaso". Cuando el helicóptero de rescate llegó, el piloto los encontró abrazados a los bebés, rodeados de pañales sucios y con un mapache intentando robarles el bolso térmico.




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