Diseñando el Desastres

La Cueva de los Secretos (La Primera Piedra)

Ya en Mónaco, tras la reprimenda de rigor, Mía comenzó las excavaciones preliminares en el acantilado. Julián, incapaz de quedarse quieto en el hotel, apareció en la obra con un casco de seguridad que combinaba con su chaqueta.

—Mía, como experto en estructuras, ese ángulo de cimentación es... —Julián no terminó la frase. Al pisar una zona de roca caliza suelta, el suelo cedió bajo sus pies, deslizándose unos metros hacia abajo.

—¡Julián! —gritó Mía, corriendo hacia el borde.

Julián no estaba herido, pero había caído en una gruta submarina oculta, una cueva natural que no aparecía en los mapas topográficos de la ciudad. La cueva estaba conectada directamente con el mar, y la luz del sol se filtraba creando reflejos turquesas en las paredes de cristal natural.

—Mía... olvida el plano original —dijo Julián desde abajo, maravillado—. No tienes que construir sobre la roca. Tienes que integrar esta cueva. Es el "útero" de la estructura. Es... es el alma de "Selene Madre".

Mía bajó con ayuda de una cuerda y se quedó sin aliento. El error de Julián acababa de darle la pieza que le faltaba para que el proyecto fuera único en el mundo.

En Ginebra, Ethan no perdió el tiempo. Tras el desplante del editor arrogante, usó los recursos de Selene Global para registrar una nueva división: Editorial Sueños de Seda.

—Alice, este es tu estudio —dijo Ethan, abriendo las puertas de una oficina llena de luz, papel de alta calidad y los mejores pigmentos traídos de Italia—. Aquí nadie te dirá que tus dibujos son "demasiado dulces". Aquí, tu dulzura es la ley.

Alice caminó por el lugar, tocando las mesas de madera clara. Se detuvo frente a Ethan, con la timidez de siempre, pero con un brillo nuevo en los ojos. —N-nunca nadie había creído tanto en mí, Ethan. Ni siquiera mi propia familia entendía por qué prefería pintar conejos en vez de leer contratos.

—Pues acostúmbrate —respondió Ethan, acercándose hasta que sus frentes se rozaron—. Porque soy un abogado muy persistente, y mi cliente favorita tiene que publicar su primer libro antes de Navidad.

Esa tarde, mientras los dos trabajaban codo a codo revisando los primeros bocetos, Alice se atrevió a dibujar una pequeña figura en la esquina de la página: un abogado serio con una pequeña mancha de pintura azul en la mejilla.




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