De vuelta en Mónaco, el proyecto avanzaba a pasos agigantados gracias al descubrimiento de la cueva. Mía y Paz decidieron que el evento de "colocación de la primera piedra" necesitaba una madrina que simbolizara la fuerza y la elegancia.
—Oliver, hemos elegido a la madrina —anunció Paz mientras cenaban frente al puerto—. Es Elena Vandergrift.
Oliver casi se atraganta con el vino. —¿La exesposa del magnate que intentó destruirnos? ¡Paz, eso es un riesgo diplomático y legal de primer orden!
—No, Oliver —corrigió Mía—. Elena es la mujer que sobrevivió a un hombre tóxico, recuperó su fortuna y ahora es la principal filántropa de la Costa Azul. Ella representa exactamente lo que "Selene Madre" quiere transmitir: resiliencia y poder femenino.
Julián asintió, impresionado. —Es una jugada maestra de marketing, Oliver. Además, Elena tiene un gusto exquisito para los sombreros. Eso siempre ayuda en una inauguración.
En el jet hacia Mónaco, tras ser descubiertos en la bodega, el ambiente cambió. Ya no había bromas sobre leyes o planos. Oliver se sentó frente a Paz, suspirando mientras se frotaba las sienes.
—No estamos aquí para dar lecciones, Paz —dijo Oliver con voz tranquila—. Pero después de todo lo que pasamos con los protocolos de seguridad el año pasado, la idea de que crucen la frontera solas con los bebés nos ponía los pelos de punta. Solo queríamos estar cerca por si algo fallaba con la logística en tierra.
Julián asintió, mirando a Mía con una seriedad inusual. —Sé que este proyecto es tuyo, Mía. Y sé que no me necesitas para dibujar una sola línea. Pero soy tu esposo, y simplemente no me sentía bien quedándome en Ginebra mientras tú te enfrentabas a un terreno tan complejo como el de la Roca.
Mía le tomó la mano, suavizando su expresión. —Agradezco la protección, de verdad. Pero ahora que están aquí, van a tener que aprender a ser espectadores. Este es nuestro momento de liderar.
El descubrimiento de la cueva submarina no fue un momento de comedia, sino de asombro arquitectónico. Mía y Julián bajaron juntos a la cavidad natural. El sonido del mar resonando contra las paredes de piedra creaba una atmósfera casi sagrada.
—Es impresionante, Mía —comentó Julián, observando las filtraciones de luz sin necesidad de citar tratados de estética—. Si logras que el salón principal tenga este suelo de cristal sobre la gruta, no solo será una proeza técnica, será el edificio más icónico de la década.
Mía se quedó en silencio, absorbiendo la energía del lugar. —Gracias por encontrarlo, Julián. A veces, tu curiosidad por explorar donde nadie más pisa es exactamente lo que hace falta para romper el molde.
Mientras tanto, en la superficie, Oliver y Paz trabajaban con los abogados locales. Oliver no citaba artículos por inercia; usaba su agudeza mental para detectar una cláusula de exclusividad que los monegascos intentaban ocultar, protegiendo los intereses de su esposa con la precisión de un cirujano.
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Editado: 12.05.2026