Diseñando el Desastres

El Proyecto "Lienzo Vivo"

La simbiosis era perfecta. Mía creaba el concepto visual (el "Lienzo Vivo"), Paz armaba la estrategia financiera para que ese sueño fuera rentable, y los hombres —Julián, Oliver y Leo— se encargaban de que las leyes, los muros y el capital sostuvieran la visión de las dos mujeres.

Sin embargo, surgió un problema. El consejo de administración de Selene Global cuestionó que una "pintora y diseñadora" liderara un proyecto de infraestructura tan masivo.

Leo, como CEO emérito, convocó a una reunión de emergencia. —Señores —dijo Leo, mirando a los accionistas—, han pasado décadas construyendo edificios grises que nadie recuerda. Mía Ferrer no viene a calcular cemento; viene a darnos una identidad que el dinero no puede comprar. Si quieren un ingeniero, hay miles en la calle. Si quieren que Selene Global sea la marca más exclusiva del mundo, necesitan el ojo de una artista.

Desde la esquina, Ethan tomaba notas para blindar legalmente la posición de su hermana. Mientras tanto, Alice dibujaba a Leo durante su discurso, capturando la fuerza de los Ferrer cuando protegían a los suyos.

Llegó el día de la inauguración oficial de las obras en Mónaco. Mía no llevaba un casco convencional; llevaba un diseño propio, elegante, y en lugar de un discurso técnico, habló de colores, de la transparencia del agua y de cómo su experiencia diseñando ropa le enseñó que la estructura más importante es la que protege la vida.

Elena Vandergrift se acercó a ella al bajar del estrado. —Mía, los hombres de este principado están aterrorizados —susurró Elena con una sonrisa—. No saben cómo pelear contra alguien que ve belleza donde ellos solo ven metros cuadrados.

Julián se acercó a Mía y le dio un beso orgulloso. —Has ganado, jefa creativa. Ahora déjame a mí la parte aburrida de pelearme con las grúas. Tú vete con Paz a celebrar que acabas de redefinir lo que significa construir.

En la biblioteca de la mansión, la abuela Juliette fue muy clara: —Mía, Paz... Si Julián diseña un solo pilar o si Oliver redacta una sola cláusula de este contrato, la reserva de Mónaco volverá a la fundación benéfica. Esto no es solo dinero, es una prueba de autonomía.

Mía y Paz se miraron. Sabían que Julián y Oliver, con sus personalidades protectoras y perfeccionistas, serían su mayor obstáculo.

—Necesitamos un equipo propio —dijo Paz—. Un equipo que no responda ante nuestros maridos, sino ante nosotras.

Mía asintió, tomando su cuaderno de diseños. —Conozco a la persona ideal. Fue mi compañera en la escuela de artes de Florencia antes de que se pasara a la arquitectura estructural. Se llama Sofía Conti. Es brillante, técnica y, lo más importante, Julián le tiene un respeto que raya en el miedo profesional.




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