Diseñando el Desastres

Regreso a Ginebra (La Sorpresa Final de Juliette)

El regreso a la mansión Ferrer fue triunfal. Mía y Paz habían conquistado el mercado asiático y Ethan traía a su futura esposa. Sin embargo, la abuela Juliette los esperaba en el salón con una última carpeta lacrada.

—Han demostrado que pueden construir imperios y mantener la familia unida bajo la presión de Mónaco y Tokio —dijo Juliette—. Pero la herencia real no era el dinero ni los terrenos.

Abrió la carpeta y mostró un documento firmado por el fundador original de Selene, el esposo de Juliette. —El testamento estipula que, tras el éxito de "Selene Madre", la mansión Ferrer pasa a nombre de Mía, pero con una condición: debe crear una fundación de arte para jóvenes sin recursos, dirigida por ella y Alice.

Mía abrazó a su abuela, conmovida. Pero entonces, Juliette sonrió con picardía. —Y hay una cláusula pequeña al final. Como Missiu Leguau fue la verdadera estrella de la campaña de Asia, se le asigna un fondo vitalicio de "bienestar felino" y su propia habitación de diseño en el ala norte.

Missiu, como si hubiera entendido cada palabra, saltó sobre el regazo de Mía y soltó un maullido de satisfacción absoluta. Julián y Oliver se miraron, sabiendo que ahora, oficialmente, estaban en el último lugar de la jerarquía de la casa.

—Bueno —suspiró Oliver—. Al menos el gato tiene un buen fondo de pensiones.

Mía quería que la boda de su hermano fuera el evento de la década: pasarelas de cristal, orquestas sinfónicas y tres mil invitados. Pero Alice, fiel a su timidez, casi se desmaya al ver los bocetos del banquete.

—Mía... yo solo quiero casarme bajo el roble donde dibujó —susurró Alice, apretando la mano de Ethan.

Al final, llegaron a un acuerdo: la boda sería en el jardín de la mansión, pero con el toque de alta costura de Mía. Ella diseñó para Alice un vestido que parecía hecho de pétalos de flores reales. Missiu Leguau, como la gata de la cuñada de la protagonista de la boda ,y ahora "madrina de honor" de facto, llevaba una miniatura del velo de la novia enganchado a su collar de seda.

Durante la ceremonia, justo cuando el juez iba a declarar el matrimonio, Missiu decidió que el velo de Alice era el juguete perfecto. Saltó sobre la cola del vestido, provocando que Alice tropezara directamente hacia los brazos de Ethan.

—Parece que la gata tiene prisa por que nos besemos —rio Ethan, sellando el matrimonio ante una llorosa abuela Juliette y un Oliver que, por una vez, no pensaba en contratos, sino en lo feliz que se veía su prima.




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