Diseñando el Desastres

La Sombra del Pasado en Park Avenue

La mudanza a Nueva York estaba casi completa. Paz y Oliver caminaban por los alrededores de Central Park, disfrutando de un respiro de las cajas y los contratos. De repente, Oliver se detuvo en seco. Su rostro perdió todo rastro de color, quedando tan pálido como el mármol de la entrada de su edificio.

Al otro lado de la calle, una mujer con un abrigo de cachemir gris y el cabello castaño suelto se detuvo a mirar una vitrina. Era una imagen que Oliver había enterrado bajo mil capas de trabajo y años de luto: Martina Rossi, la mujer que supuestamente había muerto en un accidente en los Alpes italianos hace siete años, justo antes de que él conociera a Paz.

—¿Oliver? ¿Qué pasa? —preguntó Paz, preocupada por su silencio sepulcral. —Yo... creí ver un fantasma, Paz. No es nada, debe ser el cansancio —mintió él, aunque su corazón latía con una violencia que casi le impedía respirar.

Esa misma noche, Mía organizó una cena íntima en el penthouse para celebrar el éxito de las oficinas en Hudson Yards. Todo parecía normal hasta que sonó el timbre. Una mensajería entregó un sobre lacrado dirigido personalmente a Oliver.

Missiu Leguau, que estaba descansando en el regazo de Mía, se puso en alerta máxima en cuanto el sobre entró en la habitación. Saltó al suelo, se acercó al sobre que Oliver había dejado sobre la mesa auxiliar y soltó un siseo bajo y erizado, algo que solo hacía cuando sentía una presencia extraña o amenazante.

—Vaya, Missiu, parece que odia el correo hoy —comentó Julián, tratando de aligerar el ambiente. —Ella sabe cosas que nosotros no, Julián —respondió Mía, observando a su gata con curiosidad—. Los siameses tienen un sexto sentido para las energías del pasado.

Oliver tomó el sobre con manos temblorosas y se retiró al balcón. Al abrirlo, solo encontró una pequeña nota con una caligrafía que conocía demasiado bien: "Nueva York es muy pequeña para esconderse para siempre, Oliver. Mañana a las diez, frente a la Bethesda Fountain".

A la mañana siguiente, Oliver no pudo ocultárselo más a Ethan. Se reunieron en el despacho de la editorial de Alice, buscando privacidad.

—Ethan, Martina está viva. La vi —soltó Oliver, colapsando en una silla. Ethan, que estaba revisando los bocetos del nuevo libro de Alice, se quedó helado. —Eso es imposible, Oliver. Nosotros mismos ayudamos con los trámites legales tras el accidente. El informe forense...

—No me importa el informe. Era ella. Y me ha citado —Oliver miró a su amigo con desesperación—. Si esto llega a oídos de Paz, su seguridad y la de los niños... —Paz es una mujer fuerte, pero esto no es un problema legal, es un problema emocional de alto calibre —advirtió Ethan—. Y recuerda que en esta familia no hay secretos que duren mucho, especialmente con Mía y su gata vigilando cada movimiento.

Mientras tanto, en el salón, Mía y Paz tomaban café. Missiu no se separaba de la puerta del despacho, rascando la madera ocasionalmente. —Oliver está actuando raro, Mía —susurró Paz—. Y tu gata está obsesionada con ese despacho. ¿Qué me están ocultando?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.