Los días siguientes fueron un calvario para Oliver Thorne. Dejó de ser el poderoso abogado para convertirse en un hombre que mendigaba atención. Paz fue implacable: las llamadas eran solo para temas de trabajo o del bebé.
Oliver aparecía en Central Park para ver a su hijo, pero Paz siempre enviaba a Julián o a Mía para supervisar, como si no se le pudiera dejar solo.
—Es duro, ¿verdad? —dijo Julián, mientras veía a Oliver intentar jugar con el niño mientras Missiu Leguau lo vigilaba desde la rama de un árbol—. La abuela Juliette dice que la confianza es como un jarrón Ming: si se rompe, aunque lo pegues con oro, las grietas siempre se ven.
Oliver intentó enviarle flores a la oficina, pero Paz las donó todas a un hospital público sin abrirlas. Intentó escribirle una carta, pero Missiu (en un descuido de Mía) entró en el despacho y la usó como rascador hasta que quedó hecha trizas.
—Incluso la gata me odia —suspiró Oliver, sentado en un banco del parque, sintiendo por primera vez lo que era estar fuera del círculo de los Ferrer.
Una tarde, Oliver intentó entrar al penthouse "por sorpresa" para hablar con Paz, pero se encontró con una barrera inesperada. En el pasillo de entrada, Missiu Leguau se sentó justo en el centro del corredor.
No bufó ni atacó. Simplemente se quedó allí, con sus ojos azules fijos en él, bloqueando el camino hacia la habitación de Paz.
—Déjame pasar, Missiu —suplicó Oliver—. Solo quiero pedirle perdón una vez más.
La siamesa no se movió. Levantó una pata, se la lamió con parsimonia y volvió a clavarle la mirada. Era como si la gata fuera la extensión del orgullo herido de Paz. Oliver entendió que no iba a ganar esta batalla con persistencia, sino con verdadera redención. Se dio la vuelta y salió del edificio, bajo la atenta mirada de la gata de Mía.
—Bien hecho, Missiu —susurró Mía desde la sombra del pasillo—. Que sufra un poco más. Solo así aprenderá que en esta familia, el amor no se negocia.
Martina entendió rápidamente que no podía destruir a Oliver financieramente porque él no era el dueño de Selene. Sin embargo, sabía que Paz era la pieza clave en la estrategia de expansión de los Ferrer. Su plan cambió: si lograba desprestigiar a Paz o causar un escándalo que obligara a los Ferrer a apartarla, destruiría la carrera y la seguridad de la mujer que "le robó su lugar".
—No voy tras el dinero de los Ferrer —le dijo Martina a su contacto legal—. Voy tras la reputación de Paz. Quiero que Oliver vea cómo la mujer que eligió pierde todo lo que ama por su culpa.
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Editado: 12.05.2026